Por Lida Fuentes Viveros
Investigadora Centro Regional de Estudios en Alimentos Saludables (CREAS)
Chile es un país rico en recursos alimentarios. Sin embargo, si lo comparamos con países como Bélgica, la oferta de productos alimenticios, principalmente procesados, es limitada. Antes de la pandemia, este panorama era una oportunidad y un desafío para el emprendimiento a través de la innovación en alimentos, y lo puede seguir siendo si tomamos en cuenta el alza que se ha provocado en el consumo de alimentos asociados al bienestar durante la pandemia. Si a lo anterior sumamos una mejora en las estrategias de comercialización, Chile tiene en sus manos la oportunidad de estar a la cabeza en la oferta de productos alimenticios.
Por otro lado, como debe saber cualquiera que ha incursionado como emprendedor, no sólo se trata de la oportunidad, sino sobre cómo obtener un producto que finalmente se pueda comercializar y permanecer dentro del mercado. Así, pese a que existen fondos concursables que pueden apoyar estas iniciativas, en mi experiencia trabajando en el Centro Regional de Estudios en Alimentos Saludables (CREAS), he visto que muchos prototipos alimentarios quedan sólo en una idea, no logran llegar al mercado.
Cabe entonces preguntarse: ¿con qué dificultades podemos encontrarnos al momento de innovar en el sector alimentario? Ante esta interrogante, he comprobado que uno de los temas o factores más desconocidos durante el proceso de la innovación en alimentos son los derivados a las normativas. Muchas veces los emprendedores tienen una idea sobre un producto en particular, pero no saben que se debe cumplir con lo estipulado en el Reglamento Sanitario de los Alimentos (RSA), donde se norman los límites de calorías, azucares, grasas y sales para que un producto esté libre de sellos, junto a los tipos de preservantes que se pueden utilizar, entre muchos otros factores a contemplar.
Asimismo, otra limitante a tener en consideración es el envasado, donde podemos encontrarnos con problemas de disponibilidad y precio. En este aspecto contamos, por ejemplo, con los envases trilaminados para alimentos procesados o las bolsas con atmósfera modificada para prolongar el almacenamiento de fruta fresca, cuya venta al por menor en Chile es limitada y en algunos casos se deben importar.
De esta forma, sólo si se contemplan bien los aspectos técnicos en el desarrollo de un producto alimenticio, éste podrá llegar al mercado. Por lo que surge la necesidad de avanzar hacia la forma de cómo los organismos públicos continuarán apoyando la innovación alimentaria y la generación de productos que lleguen y se establezcan en el mercado, considerando estos dos aspectos fundamentales: ayudar a los emprendedores para obtener la resolución sanitaria que les permita ofertar productos en el mercado, y apoyarlos con la disponibilidad de envases a un menor precio y a una menor escala.


