Allisson Astuya es nombrada en el Consejo Consultivo Científico de la OPAQ, un grupo élite de 25 expertos. Desde su laboratorio en la UdeC, llevará su lucha contra las biotoxinas marinas al escenario internacional, asesorando sobre su impacto como armas químicas.
Un día común en el Laboratorio de Biotoxinas de la Universidad de Concepción tomó un giro inesperado cuando la doctora Allisson Astuya recibió un correo de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ). Allí se confirmaba su nombramiento en el exclusivo Consejo Consultivo Científico (CCC), una instancia donde 25 especialistas de todo el mundo analizan avances en ciencia y tecnología relacionados con la eliminación de armas químicas.
La designación no solo marcó un hito personal y profesional, sino también un logro histórico: Astuya es la única mujer latina entre los cuatro nuevos integrantes que asumirán el cargo el 1 de enero de 2025. «Ser nominada por la Dirección General de Movilización Nacional y aceptada por el Consejo Consultivo de la OPAQ representa para mí una gran responsabilidad, una oportunidad importante y un desafío significativo», declaró a La Quinta Emprende.
Desde su laboratorio en el Departamento de Oceanografía de la UdeC, Astuya ha liderado investigaciones pioneras sobre toxinas marinas que, aunque producidas naturalmente por microalgas, tienen el potencial de ser utilizadas como armas químicas. Su trabajo en el Laboratorio de Biotoxinas, el único en el Biobío acreditado bajo la norma internacional ISO17025, fue clave para este reconocimiento. «Hemos estado desarrollando diversas estrategias, tanto a nivel celular mediante bioensayos in vitro, como utilizando métodos analíticos oficiales para identificar blancos específicos y mejorar la detección de toxinas», explicó.
El rol de Astuya en el CCC será fundamental para evaluar metodologías de detección y estrategias preventivas ante el mal uso de toxinas. «Mi rol incluye evaluar cuáles son las metodologías más adecuadas para lograr una detección oportuna y temprana de estas sustancias. También analizamos cómo podrían tratarse las intoxicaciones provocadas por el mal uso de estas toxinas», señaló.
En su investigación, Astuya ha observado cómo factores como el cambio climático y la contaminación están intensificando la presencia de microalgas tóxicas en las costas chilenas. «Sabemos poco sobre nuestras propias costas. Generalmente, las regulaciones responden a las exigencias de los países a los que exportamos, dejando de lado la importancia de recopilar información clave sobre las toxinas autóctonas», advirtió.
Su trabajo no solo se centra en la prevención de intoxicaciones, sino también en la exploración de aplicaciones beneficiosas de estas sustancias. «En un mundo cambiante, es esencial contar con conocimientos actualizados y de vanguardia», aseguró Astuya, quien ve su nuevo cargo como una oportunidad para llevar los hallazgos de su equipo a un nivel global y al mismo tiempo fortalecer las capacidades de Chile frente a desafíos emergentes.
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