Hace unos días tuvimos el agrado de cubrir el evento Innovapolinav, encuentro de innovación pública, tecnología, sustentabilidad y ciberseguridad, organizado por la Academia Politécnica Naval de Viña del Mar con el objetivo es buscar alternativas a los desafíos sociales.
En los dos días de programa, uno de los conferencistas más esperados fue Roberto Fantuzzi Hernández, ingeniero comercial, empresario, fundador y presidente de la Asociación de Exportadores de Manufacturas (Asexma) desde 1991.
A sus 76 años posee una destacada trayectoria siendo tesorero de la Corporación Nacional de Exportadores, presidente en el Centro de la Productividad Industrial y vicepresidente de la Fundación para la Superación de la Pobreza.
Ante el numeroso público asistente de Innovapolinav, compartió su visión sobre la Industria 4.0, también conocida como la Cuarta Revolución Industrial, etapa caracterizada por la aplicación de tecnologías que rompen barreras entre lo digital, físico y biológico.
¿Cuarta Revolución Industrial? ¿Qué es y cómo impacta?
La frase ‘cuarta revolución industrial’ se acuñó por primera vez en 2016, a partir del libro también titulado así por el profesor alemán Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, quien describe cómo esta revolución es fundamentalmente diferente de las tres etapas anteriores, que se caracterizaron principalmente por los avances en tecnología.
Para entender esta fase de la Revolución Industrial es clave analizar la transición hacia nuevos sistemas que están construidos sobre la infraestructura de la revolución digital, con una velocidad en la transformación, alcance e impacto de los avances actuales que no tiene precedentes en la historia.
En términos cronológicos, es un proceso que sigue a otras históricas transformaciones sociales, antes marcadas por el paso de la producción manual a la mecanizada, luego con la electricidad y la manufacturación en masa, para dar paso a la llegada de la electrónica, la tecnología de la información y las telecomunicaciones.
Sin embargo, reiterados argumentos proponen a este cibermodelo como un peligro para el desarrollo socioeconómico, especialmente para las potencias emergentes, ya que al renovar y automatizar una serie de procesos industriales, se especula con la reducción de empleos, aumento de desigualdad y otros problemas de seguridad a nivel mundial.
¿Amenaza o herramienta?
A juicio de Roberto Fantuzzi el cómo enfrentamos esta revolución industrial es lo realmente preocupante, porque socialmente conlleva una amenaza latente de cesantía a la que se opone férreamente, amparado en que las cuatro revoluciones industriales que ha experimentado el mundo, han disminuido la cesantía y generado mayores riquezas.
Observando los datos que el empresario presentó en su exposición, podemos comprobar que Estados Unidos hace 50 años no tiene niveles de desempleo tan bajos como los actuales, mismo caso de Alemania que bajó por primera vez en 35 años al 3,7% o Japón que actualmente bordea el 2,8% de habitantes desocupados, todo esto hablando de países en plena era de la automatización de labores.
En Chile mientras tanto tenemos sobre el 7% de cesantía en un mercado que no ha desarrollado la robótica, entonces no hay una correlación directa entre el mundo robotizado y el desempleo, sino todo lo contrario, destacando ejemplos de grandes fábricas tipo la Volkswagen, en donde casi todo es automatizado pero más de seis mil trabajadores supervisan y ejecutan, porque los procesos de todas formas requieren mano de obra, de hecho más de la que nunca habían contratado hasta ahora.
Para Fantuzzi el problema es que en Chile somos muy timoratos y enfrentamos los nuevos desafíos desde el miedo o la incertidumbre, pudiendo aprovechar todas las nuevas tendencias tecnológicas para ponernos a la vanguardia en términos competitivos, de lo contrario vamos a tener una industria desactualizada que impedirá el progreso económico.


