En un entorno productivo cada vez más competitivo, las pymes enfrentan barreras estructurales que dificultan su escalabilidad: baja formalización, limitado acceso a financiamiento y escasa digitalización operativa. En ese marco, la adopción de medios de pago electrónicos no solo representa una mejora tecnológica, sino un vehículo clave hacia la inclusión financiera y el crecimiento sostenible.
En Chile, el avance en medios de pago digitales es significativo: más del 80 % de las transacciones presenciales en retail se realiza con tarjeta, y las operaciones per cápita se duplicaron entre 2018 y 2022. Sin embargo, las pymes aún exhiben brechas en su adopción, especialmente fuera de los centros urbanos. Su incorporación permite ampliar la base de clientes, reducir el uso de efectivo y generar trazabilidad de ingresos, lo que facilita su acceso al crédito formal mediante “colaterales informacionales”.
Además, los consumidores demandan experiencias de pago digitales fluidas. Según Kantar, el 70 % de los chilenos compra en línea con frecuencia, y las billeteras digitales ya representan cerca del 10 % del e-commerce latinoamericano. No disponer de opciones de pago electrónicas se convierte en una desventaja competitiva directa para muchos emprendimientos.
Desde una perspectiva sistémica, masificar estos medios reduce costos de transacción, fomenta la formalización tributaria y fortalece la productividad global de la economía. Las políticas públicas deben acompañar esta transición: infraestructura digital asequible, educación financiera y menor carga por transacción para pequeños negocios son elementos clave.
Impulsar pagos digitales no es una moda tecnológica: es una apuesta estructural hacia una economía más inclusiva, eficiente y resiliente. Las pymes que integren estos instrumentos no solo se adaptarán al cambio: lo capitalizarán.
Por Carolina Erices Garcia, Ingeniero Comercial y académica


