Con una historia marcada por la vocación bomberil y el deseo de emprender con propósito, Felipe Monsalve e Ignacio Cuturrufo fundaron Línea 50, una iniciativa que transforma residuos contaminantes en productos útiles y duraderos. Su modelo de economía circular lo llevó a ser elegido Joven Líder 2025 por Fundación Piensa.
Felipe Monsalve Ríos no solo conoce el fuego desde cerca. También sabe lo que significa apagarlo con más que agua: con vocación, con años de servicio voluntario y con una mirada que ve más allá del uniforme. A sus 13 años ya era bombero. Hoy, es ingeniero en Prevención de Riesgos, instructor de la Academia Nacional de Bomberos y el rostro visible de una de las startups más innovadoras del ecosistema chileno.
La idea de su emprendimiento, Línea 50, nació durante los días más duros de la pandemia. Una crisis personal lo hizo replantearse su rumbo. “Me pregunté qué cosas me movían de verdad: el medioambiente, los bomberos y la capacitación. Recordé que cuando era adolescente quise hacer una billetera con una manguera en desuso. Ese recuerdo fue la chispa”, cuenta Felipe.
La idea era clara: reutilizar las mangueras de bomberos en desuso, materiales altamente contaminantes y sin una vía formal de disposición en Chile, para crear productos con una segunda vida. Invitó a su amigo Ignacio Cuturrufo González, ingeniero en informática, también bombero y apasionado por la sustentabilidad. Así se fundó Línea 50, en honor a los 50 mm de diámetro de la manguera más común en los carros bomba.
Un taller, una máquina y muchas ganas
No hubo inversionistas, ni incubadoras, ni fondos concursables. Felipe renunció a su trabajo, invirtió sus ahorros en una máquina de coser; Ignacio compró una cortadora de tela. Con eso partieron, haciendo pruebas, fallando, aprendiendo. El primer producto fue un cinturón. Después vinieron porta radios, bolsos, llaveros y fundas de herramientas.
Cada producto es único. El proceso comienza con la recolección de mangueras donadas por compañías de bomberos de todo Chile. Luego, se lavan rigurosamente —siguiendo normas internacionales como la NFPA 1851—, se clasifican, se cortan y se preparan para el diseño. La confección la realiza Nicole Arcos, una diseñadora de vestuario de Villa Alemana especializada en upcycling.
El resultado: productos duraderos, resistentes, con estética funcional, y un profundo sello social y ambiental. No se trata solo de reciclar por reciclar: Línea 50 apuesta por extender la vida útil de materiales, combinándolos con telas ripstop (anticorte y antiflama) y cinturones de seguridad de autos, creando piezas que realmente resisten el uso diario.
Sustentabilidad con causa
El modelo de Línea 50 es claro: economía circular, impacto ambiental y colaboración. Han creado una red donde otros emprendedores, voluntarios y actores del ecosistema participan del proceso. Además, parte de las ganancias se reinvierte en mejorar la capacitación de bomberos, cumpliendo otro de los pilares del proyecto.
“Queremos convertirnos en el primer centro de recepción y transformación de mangueras bomberiles en desuso del país”, afirma Felipe. Y no es una meta lejana: ya han reciclado cientos de metros de material y entregado productos en distintas regiones de Chile.
Ese compromiso fue reconocido este 2025 por la Fundación Piensa, que lo seleccionó como uno de sus Jóvenes Líderes, una distinción que destaca a quienes están cambiando su entorno desde la acción concreta.
Para Felipe, emprender con sentido no es una moda, es una necesidad. “Hoy más que nunca necesitamos negocios más empáticos, que pongan el propósito en el centro. Línea 50 no nació para hacerse millonarios, sino para crear impacto real”, asegura.


