El innovador proyecto de la Universidad Técnica Federico Santa María, liderado por la investigadora Marcela Carvajal, busca transformar estos residuos ilegales en compost y materiales reutilizables mediante un consorcio microbiano.
Reducir el impacto de los cigarrillos ilegales va más allá del combate al contrabando. En Chile, cerca del 50% del mercado está copado por productos ilícitos, muchos de los cuales no pueden ser eliminados por medios tradicionales debido a su alta carga tóxica. Algunos incluso han vuelto al comercio tras ser desechados en basurales o muelles.
En ese contexto, un equipo de la Universidad Técnica Federico Santa María liderado por la Dra. Marcela Carvajal, investigadora del Centro de Biotecnología y del Departamento de Química, trabaja en una solución inédita: la biodegradación de cigarrillos decomisados utilizando cepas microbianas nativas.
“Estamos evaluando su capacidad degradativa y diseñando un bioproducto en formato líquido o en polvo, que podría aplicarse en diferentes escalas”, explica la científica. El objetivo es atacar los múltiples componentes del cigarrillo: celulosa, acetato del filtro, trazas de PET, papel tratado, metales pesados y nicotina.
Lo que partió como una línea de investigación para remediar suelos agrícolas degradados hoy tiene un nuevo foco. “La fortaleza del proyecto está en la sinergia de soluciones que ya probamos con éxito”, sostiene Carvajal, destacando que el equipo ya cuenta con experiencia en degradación textil y tratamiento biológico de metales pesados, reconocida incluso con el Premio Nacional de Innovación Avonni 2023.
La colaboración con Aduanas se gestó tras una charla sobre degradación de textiles. “Ellos tenían la necesidad de eliminar ropa institucional sin destruirla por medios convencionales. Cuando les contamos lo que hacíamos con cepas microbianas, el interés fue inmediato”, recuerda. De esa conversación nació una alianza que ya opera con entrega formal de muestras de cigarrillos incautados para ensayos de laboratorio.
Además de degradar, el equipo busca repensar el ciclo de vida del residuo. “Incluso una reducción del 20% en volumen tendría impacto. Algunos vertederos como El Molle podrían saturarse en menos de cinco años”, advierte la investigadora. La propuesta incluye transformar residuos orgánicos en compost para uso agrícola y valorizar componentes plásticos y metálicos para reciclaje industrial.
La apuesta va más allá del impacto ambiental: también tiene una dimensión estratégica. “Queremos que esta tecnología esté disponible para Aduanas, o en su defecto, empresas dedicadas a la gestión de eliminación de este residuo. El modelo es escalable y adaptable”, detalla Carvajal.
Actualmente, el proyecto cuenta con financiamiento del programa Ciencia e Innovación 2030 y se encuentra en fase de validación. El siguiente paso será escalar la producción del bioproducto microbiano y testearlo en condiciones semiindustriales. “Ya tenemos resultados preliminares muy prometedores y estamos en conversaciones para ampliar la colaboración con Aduanas y otras instituciones públicas que enfrentan problemas similares con residuos de difícil manejo”, adelanta.
La científica es clara: la universidad debe estar al servicio del país. “Estamos convencidos de que este es el camino: responder desde la universidad a problemáticas reales, combinando investigación, innovación y colaboración institucional”, concluye.


