Desde Algarrobo, su nueva plataforma busca transformar el acceso a la propiedad intelectual en América Latina. Con inteligencia artificial y una visión inclusiva, apunta a nivelar la cancha para los innovadores del hemisferio sur.
Durante años, Francisco Sáez fue parte del vértigo de Silicon Valley. Allí vendió su primera startup, vivió el éxito y también el fracaso. Pero fue desde la calma de Algarrobo, en la Región de Valparaíso, donde decidió iniciar un nuevo proyecto con una misión mayor: democratizar el acceso a la propiedad intelectual para inventores, universidades y emprendedores de economías emergentes.
Su nueva apuesta se llama Patentia, una plataforma que utiliza inteligencia artificial para automatizar el análisis de patentabilidad. En lugar de meses de trámites y asesoría legal costosa, los usuarios pueden obtener un informe claro y accionable en solo horas. “Muchos proyectos no mueren por falta de capital, sino porque no sabemos si vale la pena protegerlos. El sistema no es transparente, y eso mata la innovación antes de que nazca”, afirma Sáez, fundador y CEO de Patentia.
Con una base de datos global y algoritmos propios, la herramienta está alineada con los estándares de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual y ya ha analizado más de 100 invenciones desde su piloto. El resultado: un ahorro de tiempo de hasta un 95% en comparación con los métodos tradicionales.
La propuesta llamó la atención de inversionistas, quienes aportaron 150 mil dólares para validar la tecnología y comenzar su expansión comercial. “La oportunidad es tan grande que buscamos escalar rápidamente a nivel internacional”, comentó uno de los primeros inversores.
La experiencia de Sáez ha sido clave. Su camino emprendedor comenzó con Nixter, una app de ticketing que llegó a Silicon Valley y se convirtió en caso de estudio. Luego lideró Umbo, una startup de domótica, y fue parte de CryptoMarket, hoy uno de los exchanges más grandes de la región. “He fallado, he crecido, he vendido empresas y he cerrado otras. Y en todo ese viaje me encontré con lo mismo: muchas ideas buenas mueren por no saber cómo protegerlas”, reflexionó.
Patentia también busca integrarse desde el inicio en los ciclos de innovación de universidades, centros de investigación y estudios jurídicos. “Estamos ayudando a que los inventores no naveguen a ciegas. Nuestra misión no es solo técnica, es cultural. Todos somos inventores, y en la era de la IA, proteger lo que creamos es cada vez más urgente”, agrega Sáez.
El desafío no es menor. El sistema de patentes actual está dominado por potencias del norte global, donde se concentran más del 90% de las solicitudes. Pero esa brecha, cree Sáez, también es una oportunidad. “Hoy, innovar desde América Latina sigue siendo una desventaja estructural. Pero si logramos que más ideas se protejan desde el inicio, el próximo unicornio regional podría nacer con su patente ya en mano”, culminó


