Desde Seúl hasta Ámsterdam, las ciudades más avanzadas del planeta ya no solo se pavimentan, también se programan. Las ciudades inteligentes deja de ser una utopía y se convierte en un imperativo. ¿Está Región de Valparaíso preparada para dar ese salto?
En el mundo ya hay ciudades que funcionan casi como organismos vivos: interconectadas, conscientes y adaptables. Seúl, en Corea del Sur se monitorea en tiempo real el uso de energía para ajustar la iluminación pública; Ámsterdam optimiza sus rutas de transporte con datos en la nube; Barcelona gestiona desde el riego de parques hasta la recolección de basura mediante sensores. El concepto de “smart city” ya no es ciencia ficción, es política pública, inversión privada e innovación ciudadana.
Y no es solo capricho. Según el Banco Mundial (2023), actualmente el 56% de la población mundial -más de 4.400 millones de personas- vive en ciudades, y se proyecta que esa cifra alcanzará el 70% para 2050. “Dado que más del 80% del PIB global se genera en zonas urbanas, si la urbanización se gestiona adecuadamente, puede impulsar el crecimiento sostenible gracias al aumento de la productividad y la innovación”, indica el organismo. Pero también lanza una advertencia: si no se planifican con visión, las urbes pueden colapsar.
En ese contexto, las smart city (ciudades inteligentes) surgen como la respuesta. Según el sitio web de Telefónica Empresas (2024), se trata de “sistemas interconectados y complejos que a través del uso de las nuevas tecnologías gestionan diferentes aspectos del día a día como el transporte público y privado, la utilización eficiente de recursos hídricos o energéticos, o la gestión de espacios públicos”.
¿Y la Región de Valparaíso?
El concepto comienza a hacerse carne en la región. En julio de 2024, Viña del Mar inauguró oficialmente el primer “barrio inteligente” del país, en el tradicional sector de Recreo. La iniciativa -impulsada por la Universidad Andrés Bello, la Municipalidad, Claro Empresas y Microsoft- integra sensores, redes 5G, conectividad y datos para optimizar la movilidad, la seguridad y la experiencia urbana de quienes viven allí.

Recientemente, en la comuna de Concón se inauguró una nueva y moderna central de monitoreo, cuya inversión supera los 2 mil millones de pesos. Esta iniciativa no solo contempla la puesta en marcha de la central, sino también una serie de proyectos en infraestructura y equipamiento para fortalecer la seguridad en la comuna.
Ante esto, subsecretaria de Prevención del Delito, Carolina Leitao, explicó que el Gobierno avanza en la ampliación del Sistema Integrado de Teleprotección con Inteligencia Artificial (SITIA), el cual busca centralizar las imágenes captadas por cámaras de instituciones públicas y privadas para apoyar la labor de Carabineros en ámbitos como la prevención del robo de vehículos o la búsqueda de prófugos.
“Solo en la última semana se han integrado más de 1.800 cámaras, muchas de ellas provenientes de municipios, lo que es fundamental, ya que los gobiernos locales cumplen un rol clave en la prevención del delito”.
Por su parte, el Seremi de Transportes y Telecomunicaciones, Benigno Retamal, dijo a La Quinta Emprende que, “entre 2022 y 2025, hemos logrado conectar al Centro de Control de Tránsito las comunas de San Felipe, Los Andes, La Calera, El Quisco y Algarrobo, con semáforos inteligentes que permiten ajustes en línea. Próximamente se integrarán San Antonio y Limache. Además, estamos implementando IA para categorizar el transporte y detectar contingencias viales mediante reconocimiento de patrones”.
Desde el mundo privado, Juan Contreras, CEO de Innervycs, pone el acento en los factores que hoy permiten avanzar con mayor decisión. “Actualmente se conjugan tres elementos: una alta tasa de urbanización, la irrupción tecnológica -IoT, IA y 5G-, y un ciudadano más consciente y exigente. Esto crea el caldo de cultivo perfecto para la transformación hacia ciudades inteligentes”.
Innervycs ha desarrollado cámaras con inteligencia artificial, sensores climáticos y de residuos, y acceso a imágenes satelitales para mapear el comportamiento urbano y ambiental. Incluso han colaborado con la empresa Quintil Valley en Quintero con dispositivos portátiles para medir la calidad del aire en tiempo real, generando una red ciudadana de monitoreo.
La tecnología no basta: ¿está la sociedad preparada?
Aunque las iniciativas son promisorios pasos, no todo depende de los sensores. El académico de la PUCV, Dr. Cristián Aravena, advierte que la verdadera transformación requiere una mirada integral. “Las ciudades inteligentes no se construyen solo con tecnología, sino con planificación, gobernanza y participación ciudadana. Si no se considera a las personas -especialmente en regiones con alta segregación socioespacial como Valparaíso-se corre el riesgo de que la brecha digital se convierta en una nueva forma de desigualdad urbana”, dijo a La Quinta Emprende.
Por otro lado, incorporar en la región de Valparaíso ciudades inteligente implica sortear múltiples brechas, no solo tecnológicas. Para el académico Cristián Aravena y Consejero del CPI, uno de los principales desafíos es la gobernanza regional y la coordinación intermunicipal.“La región está compuesta por 38 comunas con realidades presupuestarias y prioridades distintas. No existe todavía un marco normativo ni un ente de coordinación que integre transporte, energía, telecomunicaciones y gestión territorial bajo una estrategia regional de ciudad inteligente”.
En ese contexto, plantea. “Obras de conservación, declaradas monumentos nacionales o situadas en los cascos históricos de las ciudades poseen restricciones a cableado, postes inteligentes y cámaras. Se requiere diseño ‘invisible’ (…) y participación ciudadana para evitar rechazo social”.

Desde el ecosistema emprendedor, Juan Contreras, CEO de Innervycs, subrayó que la clave está en poner al ciudadano al centro de cualquier innovación. “Es el actor más importante y clave en el diseño y uso de las soluciones. No hay que perder de vista que el gran objetivo de lograr una ciudad inteligente es que mejore la calidad de vida de sus habitantes e impacte en forma positiva la experiencia de vivir en este tipo de ciudad”.
En su visión, los desafíos también son culturales y deben abordarse con diseño inclusivo. “Siempre vas a tener usuarios rezagados en la tecnología y sin duda no los puedes dejar atrás, por lo que debes construir experiencias amistosas de acercamiento a la tecnología, incluso considerando a personas que ayudan a dichos usuarios rezagados”.
Mientras el profesor de la PUCV Cristian Aravena detalla soluciones para ejes estratégicos como el Paso Los Libertadores, la logística portuaria y la resiliencia frente a riesgos naturales, Juan Contreras aterriza el problema a la vida cotidiana. “Por ejemplo, la implementación de sensores de residuos en todos los basureros de la ciudad permitiría optimizar las rutas de recogida y asegurar una ciudad que se ve y huele limpia siempre, sin necesidad de que el ciudadano tenga esa cultura digital”.
Ambos coinciden, desde sus miradas, en que una ciudad inteligente no se define por cuánta tecnología tiene, sino por cuán bien resuelve los problemas reales de su gente. “Una ciudad inteligente no implica que todo sea digital y automatizado, sino que es una ciudad que está pensada y diseñada inteligentemente para que sus ciudadanos la prefieran para vivir, ya que les facilita su vida”, enfatizó Juan Contreras.


