Mientras la mayoría comenzaba con blancos, ellos apostaron por los tintos. Así nació Viña Casa Romero, una viña boutique familiar que florece con identidad propia en pleno Valle de Casablanca.
En el extenso y reconocido Valle de Casablanca, tierra fértil de vinos blancos por excelencia, una familia decidió ir contra la corriente. En 2009, con una visión clara y una idea audaz, nació Viña Casa Romero. Lo que comenzó como un sueño personal de un padre, hoy es liderado con convicción por su hija, Angélica Romero, gerente general y socia del proyecto, quien dejó su carrera anterior para sumarse a esta pasión vinícola en 2014.
«Mi papá fundó la viña con la intención de crear algo más boutique, con vinos de alta gama y producciones limitadas», relata Angélica, mientras comparte detalles entre copas y barricas. «Cuando me sumé, ya había una idea clara de lo que queríamos: vinos distintos, con identidad.»
Y vaya si lo lograron. Mientras otros optaban por los clásicos blancos, ellos apostaron por lo inesperado: los tintos de clima frío. «Decidimos partir con Pinot Noir, Syrah y Malbec. En ese momento era una apuesta arriesgada, pero veíamos que esas cepas tenían mucho futuro en esta zona», asegura.
Años más tarde, incorporaron blancos como Chardonnay y Sauvignon Blanc, pero fieles a su estilo, lo hicieron “al revés”, priorizando primero la autenticidad por sobre la tradición.
Hoy, Viña Casa Romero forma parte de la agrupación Casablanca Off, un colectivo de viñas pequeñas que apuesta por la asociatividad como motor de crecimiento. Su presencia en eventos locales no es casual. “Para nosotros es clave estar presentes, no solo para mostrar nuestro trabajo, sino para generar vínculo con la comunidad”, comenta Angélica. “Esta es la tierra de donde vienen nuestros vinos, y queremos que quienes viven aquí también se sientan parte de ellos”.
Sin embargo, no todo es cosecha y celebración. La crisis climática, como en muchos sectores productivos, también ha puesto a prueba a los viñateros. «El gran desafío es el agua», dice sin rodeos. Aunque este año las lluvias fueron generosas, saben que el futuro es incierto. «Tenemos agua de pozo, y por suerte se recuperaron bien, pero debemos mirar más allá: nuevas tecnologías, energías limpias, sistemas de microrriego. La sustentabilidad ya no es opcional, es parte de nuestra proyección».


