La digitalización es el motor del futuro económico, pero Chile aún tiene un largo camino por recorrer para posicionarse como un referente global en la economía del conocimiento.
La cuarta revolución industrial, impulsada por la Inteligencia Artificial, ya está en marcha, y Chile tiene la oportunidad de ser protagonista de este cambio. Sin embargo, para aprovechar este potencial, es necesario trabajar en conjunto, estableciendo sinergias entre el sector productivo, el Estado y la sociedad, según afirma Rafael Rizzo, Director de ACTI.
Rizzo resaltó a La Quinta Emprende las ventaja que tiene Chile para dar un «salto de rana» en términos digitales. Mientras algunos países avanzan a pasos agigantados, Chile, aunque ha quedado rezagado en comparación con naciones líderes, tiene la posibilidad de aprender de los modelos ya establecidos y mejorarlos.
El caso de Estonia es un ejemplo claro. Tras su independencia en 1991, el país se dedicó a la digitalización como base para su recuperación económica. Gracias a políticas como la Ley de Comercio Electrónico y la Estrategia de Sociedad de la Información, Estonia se ha convertido en un referente mundial en innovación tecnológica, al punto de ser conocido como el «Silicon Valley del Báltico.»
Por otro lado, Irlanda y Polonia son ejemplos de cómo políticas fiscales favorables, combinadas con talento calificado y un entorno de innovación, han permitido a estas naciones atraer inversiones globales y posicionarse como referentes en sus respectivas industrias. En el caso de Polonia, su enfoque en la inversión en I+D y su mano de obra competitiva lo ha convertido en un actor clave en la exportación de servicios basados en el conocimiento.
El Director de ACTI también menciona el caso de Argentina, que, con la implementación de la Ley de Promoción de la Economía del Conocimiento en 2021, ha logrado impulsar su economía digital, convirtiéndose en un ejemplo a seguir para Chile.
Para Chile, el desafío está en mejorar la competitividad. Aunque el país ha avanzado en talento y en infraestructura digital, no ha logrado posicionarse como líder en exportaciones de servicios digitales. En las últimas dos décadas, las exportaciones de TIC en Chile crecieron apenas un 5.3%, lo que lo coloca por detrás de países como Argentina y Brasil.
«Mejorar en competitividad es posible, pero requiere políticas públicas que proyecten el desarrollo del sector a largo plazo», señala Rizzo. Programas como Talento Digital, impulsados por el Ministerio de Hacienda, son pasos en la dirección correcta, pero aún falta un impulso más grande para que Chile pueda competir globalmente en el campo digital.
El tiempo es clave, ya que la revolución digital no espera. Según estudios de IDC, la inversión en tecnologías digitales alcanzará los 4 billones de dólares para 2026, y se espera que la inteligencia artificial agregue hasta un 7% al PIB global. «Chile tiene un potencial incalculable, pero necesita actuar con rapidez», concluye Rizzo.
En este panorama, Chile tiene una oportunidad única para liderar la región y competir a nivel mundial. Sin embargo, el futuro digital del país depende de una acción decidida y coordinada en todos los niveles de la sociedad.


