Por Marcela Paz Bastias Matus, CTO en Key Process, y Directora en EIVA
La Quinta Región, con su privilegiada ubicación estratégica y diversidad de actores económicos, académicos y tecnológicos, posee el potencial para convertirse en un referente global en innovación tecnológica aplicada al desarrollo de energías limpias. Esta posibilidad, más que una oportunidad, es una necesidad urgente para responder a las demandas actuales de sostenibilidad, eficiencia y reducción de emisiones en la industria.
Según estimaciones recientes, Chile emitió aproximadamente 102 millones de toneladas de CO₂ equivalente en 2023, lo que representa una disminución del 3,4% en comparación con 2020.
No obstante, hasta junio de 2023, aún operaban 20 unidades termoeléctricas a carbón, representando aproximadamente el 30% de la generación eléctrica del país y siendo las principales responsables de las emisiones de CO₂ en el sector energético.
Ante este panorama, el desarrollo de energías renovables y tecnologías como el hidrógeno verde emergen como soluciones clave para avanzar hacia las metas de descarbonización y la transformación de los sectores productivos. En este sentido promover espacios colaborativos de trabajo puede jugar un rol trascendente hacia el desarrollo regional.
Un espacio de pilotaje no es solo un lugar físico donde se prueban tecnologías. Es un entorno dinámico donde confluyen ideas, se comparten capacidades y se promueve el intercambio de conocimientos con profesionales de distintas disciplinas .En este contexto los espacios de pilotaje juegan un papel fundamental, entendiendo que el progreso hacia un futuro más sostenible depende de la creación de entornos de colaboración, donde se puedan experimentar, perfeccionar y escalar tecnologías disruptivas. Desde nuestra experiencia, un lugar con estas características nos ha permitido desarrollar, por ejemplo, soluciones innovadoras que integran procesos eficientes en minería y energía, optimizando el uso de energía limpia en procesos altamente demandantes, fomentando la reutilización de recursos, al transformar pasivos ambientales en activos económicos, demostrando que la sostenibilidad no debe ser vista como un costo adicional, sino como una inversión estratégica en la competitividad a largo plazo.
Contar con este tipo de espacios, en distintos lugares de nuestra región, no solo ayudaría a trabajar colaborativamente para resolver los desafíos actuales de la industria, sino que también jugarían un rol relevante para anticipar las necesidades del mañana. Creemos que la integración de tecnologías limpias, combinada con un ecosistema basado en valores como la honestidad, la transparencia y la confianza, es la clave para transformar la minería, la energía y muchas otras industrias en motores de desarrollo sostenible desde nuestra región y hacia el mundo.


