Un innovador estudio de la Dra. Valentina González busca transformar residuos de plumas en productos de alto valor agregado, utilizando bacterias para extraer queratina de manera refinada. Este avance tiene potencial en sectores como la biomedicina, cosmética y agricultura sostenible.
La industria avícola nacional genera anualmente cerca de 50 mil toneladas de plumas, residuos que representan un desafío para sus productores. Debido a su alto contenido de queratina —entre 80% y 90%—, las plumas suelen reutilizarse para producir harina utilizada como fuente de proteína en alimentos para animales. Sin embargo, la Dra. Valentina González, del Centro de Biotecnología “Dr. Daniel Alkalay Lowitt” de la Universidad Técnica Federico Santa María, busca ir más allá de este uso tradicional con su proyecto Fondecyt Postdoctoral, centrado en estrategias de bioconversión mediante bacterias del género Streptomyces.
“Esta fuente de proteína tiene aplicaciones bastante novedosas como, por ejemplo, la fabricación de biomateriales en base a queratina que pueden ser utilizados en el área biomédica o incluso cosmética, donde los hidrolizados de queratina podrían emplearse para producir cremas ricas en este componente”, señaló la investigadora.

El proceso se basa en la acción de enzimas producidas por las bacterias, capaces de romper la compleja estructura de la queratina en las plumas. El resultado es un hidrolizado proteico con potencial para desarrollar biofertilizantes, mejorando la fertilidad del suelo de manera ecológica. Además, el uso exclusivo de las enzimas permite obtener una versión más limpia, adecuada para la industria cosmética. “Otras aplicaciones más novedosas son encontradas en biomedicina, donde los hidrolizados de queratina podrían ser utilizados para la producción de biomateriales compatibles y biodegradables para la regeneración de tejidos o para la creación de nanopartículas de queratina para la entrega y liberación de fármacos”, añade González.
El análisis proteómico realizado en la investigación permitió identificar enzimas clave responsables de romper los enlaces disulfuro y peptídicos de la queratina. Esto abre la posibilidad de sobre expresarlas mediante técnicas de ingeniería genética, lo que optimizaría su producción y eficiencia en el proceso. “Las plumas no varían mucho en estructura química entre gallinas o pavos, puesto que la composición de aminoácidos es similar, por lo cual los resultados de esta investigación son aplicables a otras plumas”, detalló la académica.
La Dra. González explicó además que el estudio no solo aporta al conocimiento del mecanismo de degradación de la queratina por bacterias marinas, sino que también busca diseñar procesos sostenibles para valorizar estos residuos, transformándolos en recursos útiles para múltiples industrias.


