Por Alex Barra
Director de Carrera Prevención de Riesgos
Duoc UC Sede Valparaíso
Prevenir accidentes del trabajo y enfermedades profesionales en todo el mundo es en parte lo que busca promover el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo que se conmemora cada 28 de abril. Sensibilizar y generar una cultura integral de prevención de riesgos puede, sin duda, contribuir a reducir las lesiones y peor aún, las muertes en el contexto laboral.
Y es que las cifras no son alentadoras. Según reportes de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), en los organismos administradores privados, al año 2019, los días perdidos por accidentes del trabajo sumaron un poco más 3,2 millones de días. En 2020 la cifra se redujo en 700 mil días, sin embargo, en 2021, las cifras volvieron a elevarse por sobre los 2,5 millones de días, en cierta forma explicado por el aumento de la presencialidad en los trabajos.
En este contexto, relevar la misión de la prevención de riesgos en las organizaciones más que una intención, parece un deber, que bien está consignado en el Código del Trabajo hoy por hoy, y que, en la discusión de la redacción de una nueva Constitución del país no puede olvidarse.
Ahí se pone en valor el carácter tripartito que invoca la Organización Internacional del trabajo (OIT); Estado, empleadores y trabajadores tienen la obligación de hacerse parte de la protección de la seguridad y salud de las personas. ¿Cómo? construyendo el marco que regula el funcionamiento de esta parte de la seguridad social de los trabajadores, poniendo énfasis en revisar el funcionamiento de los organismos administradores del seguro contra accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, mejorando y sistematizando la fiscalización y sus órganos en el caso del Estado, desde los empleadores, recurrir a la asistencia técnica necesaria a través de los profesionales del área e involucrarse directamente entregando las condiciones de trabajo apropiadas -ojalá las mejores condiciones y no sólo las mínimas que exige la normativa- entre otras acciones.
Pero los trabajadores también deben ser parte activa de este proceso. No sólo usar el casco y los zapatos de seguridad cuando alguien está supervisando, si no que la seguridad sea parte de la cultura diaria. Que también se generen las instancias para que puedan exigir a su empleador la mejora los ambientes de trabajo o reparar algún elemento defectuoso de su trabajo, sin temor a recibir represalias por hacerlo, o detener su labor si esta pone en riesgo su vida o integridad física o psíquica, simplemente porque no hay urgencia ni meta productiva que implique someterse a un riesgo injustificadamente.
Juntos podemos lograr lugares de trabajo más armónicos, más integrales y respetuosos de la dignidad de una trabajadora o un trabajador.


