“Ha sido mucho ¿no?” Creo que llevo pensando meses esta frase, y sin importar cuando la diga cada día suma más acontecimientos, noticias políticas, crisis climática, mis perros corriendo por mi casa y escapándose a ratos, desafíos profesionales, COVID… Podría pasarme otras 200 columnas poniéndome al día enumerando lo acontecido, podría seguir aplazando el bajar algunas ideas al papel (digital), podría darme 200 días de lecturas de las reseñas escritas en el último tiempo, o, como leí en una excelente columna, podría tentarme a ir a organizar alfabéticamente mi despensa y nada más.
Un intento de revisión de lo que “ha sido” trae a mi mente (y estómago) una extraña sensación de imposibilidad de resumen, seriedad, a ratos un temor sin objeto claro. ¿Les pasa? Es como si el mundo se haya vuelto complejo y ya no puedo asirlo, pero la verdad es creo que no lo ha dejado de ser nunca. En esta columna podría tantas cosas, pero me daré una tregua: buscaré no usar este presente como repositorio de lo que ha sido (un ejercicio que es un gran placer culpable entre escritores, lectores y analistas). Vengo desvergonzadamente a escribir sobre una forma de preguntar respecto lo que va siendo, y digo desvergonzada porque puede esté lejos de lo que a veces yo mismo haga.
Qué tal si la pregunta fuera otra…
No se ustedes, pero siento que vale la pena el ejercicio de situarnos en medio de esa complejidad, pero no desde esa idea de “yo y mis infinitas capacidades para ordenar y hacerme cargo y mérito y esfuerzo blablá…”, sino desde un nosotros contingente, entrelazado al contexto: un nosotros que es, pero podría ser de otro modo. Dicha noción, que trabaja y complementa bellamente Yayo Herrero con el concepto de Vulnerabilidad, hace referencia al cambio permanente en el que estamos como seres vivos. Esta vulnerabilidad entrelazada y contingente se enfrenta a la usual receta de control y estabilidad que exigimos a lo que nos rodea y a nosotros mismos.
¿Qué tanto podemos hacer enlistando las cosas, contando referencias, normando prioridades? Mi hipótesis: No mucho. Desde donde yo lo veo, no importa cuánto control se exija y declame, estas acciones representan formas de adaptación por debajo de la complejidad de las estructuras de sentido y dinámicas de los sistemas de nuestro interés (economía, educación, salud, medioambiente…), por eso, al usarlas y sin importar cuántas veces volvamos a ellas siempre nos quedamos cortos. Disfruto de las abstracciones, pero permítanme ejemplificar.
El sistema político en nuestro país sí que puede dar cuenta de derivas y cambios que van desde colores hasta la relación entre formación y cartera ministerial en los gabinetes presidenciales. La presentación de los ministros del gobierno entrante liderados por el presidente Gabriel Boric, ha sido la gran noticia de hace unas semana, tanto por la expectativa que venía generando, así como por cómo han sido conformados los ministerios: 58% de mujeres, una buena reacción de la ciudadanía y mercados, la amplitud de experiencias y profesiones de los futuros ministras/os como el caso del primer profesor de aula encabezando la cartera de Educación, o la doctora Izkia Siches como la primera mujer a la cabera del Ministerio del Interior y Seguridad Pública.
Son en total 24 ministras/os con vidas personales que se cruzan, algunos que se conocen de antes, otros no; algunos comparten domicilio político, otros no tanto… ¡vaya complejidad que se hace presente! No ha llegado el 11 de marzo y “ha sido” bastante… y ¿Qué hacemos con ese bastante? Una respuesta que ha circulado por los medios fue la de contar la cantidad de ministros por lote político (y demandar respuestas desde aquello). Aparecieron preguntas como ¿está su sector conforme con la representación que tiene? ¿Qué significa que sean x o x cantidad de ministerios?… Esta forma de dar sentido y explicación a este evento político queda corta frente a la complejidad del suceso, en otras palabras, es una pobre herramienta para reflexión y análisis.
Podemos sumar otras preguntas que se mueven en el filo de lo irrelevante, como la idea de amiguismos como descriptor y adjetivo sin mirar historia de desarrollo político, la idea de “venderse” por parte de uno u otros que operan sobre una norma ciega y terca, y también expectativas aisladas sobre cómo cada cartera se desenvolverá en su labor. Todas estas comparten una reducción dirigida al control que no está determinada por el tipo de método (cuali o cuantitativo).
Enfrentar la complejidad supone la idea de que no será posible dar cuenda de un sistema solo mediante la observación desde sus partes, y de que en sistemas complejos ninguna parte tiene la capacidad de conectarse con todas las otras, por lo que los elementos son tanto nodos como puentes flexibles y contingentes que se acomodan en coherencia con su propio sistema. De ese modo cada puente será también un nuevo elemento del sistema, y así sigue… entonces ¿Qué tal si reformulamos la pregunta por cantidad o rendimientos individuales de cada ministerio y la ampliamos a cómo estos se vincularán y harán frente a objetivos comunes? ¿Dónde se dibujan sus vulnerabilidades que hacen aparecer lo otro y los puentes entre las diferentes carteras? Y ciertamente ¿Cuáles pueden llegar a ser sus objetivos y responsabilidades compartidas?
El tiempo nos ha dado algunas pistas sobre a qué puentes poner atención. Por ejemplo, la relación de los ministerios de Minería y Energía, que hoy tienen a un biministro pero se conformarán dos equipos en el futuro gobierno ¿Cómo se sostendrá este vínculo, vale la pena esta conexión y cuáles serían los objetivos del trabajo conjunto teniendo presente las demandas por una minería más sustentable y capaz de responder frente a sus ineludibles impactos? Otro punto de encuentro que ha resonado es el del Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones y Ministerio de Obras Públicas, por ejemplo, entorno a los desafíos de la electromovilidad o propuestas como transporte doble cero (0 emisiones y 0 costo).
Pero nuestro presente permite y demanda la emergencia de otros nuevos ejes más innovadores, como el de las carteras de Economía con Medioambiente, pensando en la coherencia con la discusión de la comisión de medio ambiente, derechos de la naturaleza, bienes naturales comunes y modelo económico de la Convención Constitucional. Podíamos desafiarnos pensando los entrelazamientos de las carteras de Educación, Mujer y Ciencia en línea con la inclusión del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género en el comité político y los desafíos del periodo de clases 2022, o Trabajo y Salud en el marco de la reactivación económica sostenible y transformación digital. Hacer política va a requerir comunicar desde esta complejidad, y comenzar a mostrar y rendir cuentas por estas las líneas de encuentro.
Y puede también ser de otra manera
Contingente (ser pudiendo ser otra cosa) también representa que compartimos significado/significante con lo otro, pero sin perdernos en ese vínculo. El entrelazamiento no encierra al uno en el otro, sino que deja visibles los entramados de ambos brazos en su encuentro. Esto es ver en complejidad: reflejar entrelazamiento y no superposiciones reduccionistas, para con ello mover la frontera de lo posible.
Por ello, para entender el Poder y las nuevas formas de su ejercicio en la política se requerirán de renovadas lecturas de los acontecimientos, lecturas adecuadas al nivel de complejidad de los tiempos y desafíos de nuestro entorno. El puro recuentos de actores, de cuotas de participación y favores queda corto, tanto corto como esperar de la política un servicio de atención a clientes (reducción cliente>ciudadano).
En medio de una vorágine, para mi, la receta de “escribir las cosas sobre las que tienes control y las que no” haría que deje la página en blanco, ya sea por angustia o por la previsión de la falta de espacio. Aunque difícil, prefiero la pregunta por cómo lo que ha sido nos hace hoy presentes. Si lo que ha sido vuelve a mí solo como un recado numerado de pendientes, pierdo su entrelazamiento con sus propios momentos, y con el presente.
Como requiero tiempo para darle vueltas al asunto, me sirvo de agarrar un martillo y una madeja de alambre para ir a reparar la reja de mi casa dañada por un nuevo escape perruno. Pero mis mascotas poco le importan mis viajes de ideas. Ellos, que siempre se acercan con cariño al volver de sus paseos por el cerro, corren a su pote con agua, pote que acaban rápidamente antes de ir a recostarse. Camino al sillón pasan por al lado de la despensa de condimentos no organizados alfabéticamente. Ríen suavecito sus adentros por mis preocupaciones, esperando que no los oiga.


