Por Cristóbal Iturriaga Vergara
Gestor de Innovación
Dirección de Innovación y Transferencia Tecnológica
Vicerrectoría de Investigación e Innovación
Universidad de Valparaíso
En los últimos años, la innovación, la ciencia y la tecnología han tomado un mayor énfasis en nuestro país, más aún desde la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Y es que no es menor, ya que avanzar en materias de I+D+i es una necesidad real para el desarrollo del país en muchos sentidos. Si bien, Chile está avanzando en esta materia, logrando una ventaja sostenida en el tiempo por sobre algunos países vecinos de Latinoamérica, la triste realidad es que ser el mejor del vecindario no nos hace merecedores de una posición dentro de los mejores del mundo.
Obvio, ser una potencia en innovación no es una tarea fácil, y es que se debe considerar que la innovación en sí ya es un proceso complejo, que requiere de tiempo, recursos, capacidades y conocimientos para su desarrollo, además de lograr vincularse con distintos actores dentro de un ecosistema.
En este último punto, es indispensable contar con empresas u entidades que logren incorporar los desarrollos en sus procesos internos o bien en el mercado. Por otro lado, contar con centros de investigación o universidades que proporcionen los conocimientos necesarios para el desarrollo de innovación, más aún si hablamos de base científico-tecnológica. Acá no sólo es relevante articular al sector público, privado y academia para conformar un ecosistema de cooperación, sino que además es indispensable conocer y aprovechar las capacidades que cada uno de ellos aporta.
Pero ¿Qué estamos haciendo mal?
Indudablemente que son muchos los aspectos que se pueden cambiar para mejorar el desempeño que tiene nuestro país en el desarrollo de innovación, pero es fundamental fomentar la colaboración de los distintos actores que participan del ecosistema, y me refiero a una colaboración efectiva, al desarrollo real de proyectos, a la co-construcción de tecnologías, y a la incorporación de startups en los procesos para la generación de soluciones, entre otros aspectos.
Lamentablemente no existe un real trabajo colaborativo entre el sector público, la academia y las empresas, es más, si hacemos un zoom y analizamos cuántas son las empresas que realizan o incorporan innovación tecnológica en sus procesos, productos y/o servicios, o incluso cuántas están realmente dispuestas a hacerlo, podremos ver que son muy pocas. En parte se debe a que el nivel de competitividad de las empresas es muy bajo, no les interesa mejorar porque no lo necesitan, ya sea porque no hay competencia, se sienten en una zona de confort en su situación actual o incluso porque los precios están regulados por colusión.
Independiente de los motivos, es necesario generar cambios. Si bien, existen instrumentos y políticas para incentivar el desarrollo de innovación en las empresas, urge actualizar esos mecanismos, fomentando que las ellas visualicen el potencial de innovar y las capacidades que existen para el desarrollo de I+D+i dentro de Chile.


