Cristián Oyanedel Garrido
Dirección de Innovación y Transferencia Tecnológica
Vicerrectoría de Investigación e Innovación
Universidad de Valparaíso
La palabra “innovación” se ha posicionado en todas las esferas de la vida cotidiana donde el término se utiliza con alcances e interpretaciones diversas.
En este escenario muchas de las organizaciones nacionales declaran que la innovación es muy importante mejorando la competitividad y la sustentabilidad, y que trae consigo un sinfín de beneficios. Siendo la “bala mágica” para acabar con gran parte de los problemas que aquejan a la sociedad.
Teniendo este consenso ampliamente declarado ¿Por qué los resultados de Chile en Innovación son tan discretos? De acuerdo al Índice Global de Innovación (GII) de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), desde hace varios años que Chile produce menos productos en relación con su nivel de inversiones en innovación (Nuestro país ocupa el puesto 54 entre las 131 economías incluidas en el GII 2020).
Se han identificado una serie de elementos que explicarían en parte el débil desempeño nacional en innovación, pero casi siempre asociados al desarrollo emprendedor, como las barreras regulatorias, la burocracia y la falta de coordinación entre distintos organismos del Estado involucrados.
Una particularidad del sistema de innovación nacional, está dado en que una parte importante del financiamiento para generar innovación, proviene del sector público, lo que contrasta con lo que pasa en relación a otros países mejor posicionados, donde el liderazgo innovador proviene del sector privado. Este elemento es muy relevante y está asociado a la competencia que se genera entre las empresas, mercados dinámicos y desafiantes que incentivan la innovación.
A nivel internacional, existen incontables ejemplos de empresas que incorporaron la innovación como un elemento central de su estrategia, donde la competencia intensa en sus mercados de origen, tornó a la innovación como un componente indispensable para agregar valor a sus organizaciones, lo que les ha permitido desarrollarse en sus respectivos países y luego posicionarse como grandes actores de la economía global.
Nuestras grandes empresas tienen la oportunidad de avanzar en la adopción de capacidades tecnológicas para la innovación, asumiendo que su desarrollo pasa por acceder a mercados globales de mayor valor, donde la competencia es la norma y si, no se enfrentan los desafíos que traen consigo estos mercados con una estrategia innovadora, no hay posibilidades de éxito.
En tanto, las PYMEs nacionales, tienen dificultades de base que les restringe el ánimo y los recursos para generar innovación, como problemas de liquidez, personal, gestión, y la pandemia, entre otros. Sin embargo, conociendo a los actores del ecosistema de innovación, y en particular a las instituciones de educación superior, está presente la oportunidad para estos empresarios de acercarse a la generación de pequeñas innovaciones (incrementales) que les permitan ir reduciendo sus brechas y mejorar su competitividad.


