Cada vez que estudiamos o estamos en alguna charla de gestión o innovación se nos habla de la importancia de identificar y crear valor desde nuestras organizaciones para nuestros clientes y/o usuarios. Sin embargo, pocas veces se nos habla del no valor, waste, o actividades que no agregan valor en nuestras organizaciones, las cuales terminan siendo una de las principales razones de la baja productividad, la socavación de las relaciones humanas y la muerte de muchos emprendimientos.
Así como el concepto del valor está basado en la relación entre las necesidades satisfechas de los clientes, y los objetivos y recursos requeridos para completarlas, el no valor se refiere a todas las actividades o pasos en un proceso que no le agregan valor al cliente también llamado como desperdicio o waste. En otras palabras, es cualquier acción que el cliente no desea pagar por ella o no le entrega ningún beneficio.
El concepto waste ha sido muy estudiado y aplicado en diversas industrias, luego del estudio del sistema de producción Toyota y su posterior publicación en el libro conocido mundialmente como “la máquina que cambió el mundo”. Lean, como es conocido ahora, es una filosofía de gestión que busca maximizar el valor, a través de la reducción sistemática de las actividades que no agregan valor o waste. Esta filosofía ha sido ampliamente utilizada en diversas industrias, desde la construcción hasta la salud, la educación y los servicios públicos. Pero, en el mundo del emprendimiento y la innovación ¿Qué tan claro tienen el concepto de waste?
Para responder a esta pregunta, los emprendedores tienen que ir a lo simple. El primer paso es identificar el valor del negocio, esto se puede hacer a través de distintos modelos de negocios como el Canvas, Lean Canvas, entre otros (probablemente, esto ya lo tengan hecho). El segundo paso es identificar el waste de su proceso de negocio; para esto, se recomienda revisar en primera instancia la clasificación propuesta por Taichi Ohno, también llamada “los 7 desperdicios”. Para esto les propongo que se respondan las siguientes preguntas, (1) ¿Cuántas y con qué frecuencia tienes interrupciones en tu trabajo que generan esperas?, (2) ¿Qué actividades frecuentemente requieren retrabajo por errores, omisiones o defectos?, (3) ¿Existen movimientos innecesarios de tu equipo o maquinaria durante el trabajo?, (4) ¿Existen transportes innecesarios en tu espacio de trabajo de personas, equipos, materiales desde un proceso a otro?, (5) ¿Qué cantidad de materiales tienes en inventario por sobre la necesidad inmediata?, (6) ¿Cuántas actividades se realizan antes de que sean realmente necesarias?, (7) ¿Cuántos procesos se tienen que repetir o no son realmente necesarios en tu cadena de valor?. Adicionalmente, me gustaría agregar un octavo tipo de waste conocida como la pérdida de talento, es decir, ¿conoces el talento de tus colaboradores? ¿aprovechas su máximo potencial en la organización?
Al tener identificado el waste en tu organización, ya tendrás la mitad del trabajo hecho. El siguiente paso es identificar las causas raíz del waste y proponer acciones para eliminarlo y en el caso que esto sea imposible, por lo menos debes mitigar su impacto y frecuencia.
Finalmente, y lo más importante de todo, es repetir esto de forma sistemática buscando siempre la perfección. No caigas en el típico error de esconder los problemas bajo la alfombra, tienes que salir a buscar el waste y atacarlo, porque si no lo haces, puede ser la gran ancla que hunda tu organización y emprendimiento.


