Opinión: Digitalización y Descentralización

Es probable que esta columna la estemos leyendo en la computadora, nuestro celular o tablet, y no necesariamente sentado frente a un escritorio, sino camino al trabajo, de compras, a la espera de alguien o algo. La amplia conectividad en la que vivimos ha cambiado la forma de hacer negocios, la forma de vivir el amor, disfrutar del entretenimiento y acoger la soledad. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han permitido la digitalización del vivir/comunicar, y esto es algo que la pandemia, como fenómeno social-global, ha acelerado.

La digitalización da cuenta del registro de datos e información de manera digital, y esta ligada al giro de nuestras interacciones sociales en la virtualidad y al control y manejo de procesos productivos. Estas transformaciones pueden parecer disruptivas por esencia, pero pueden operar sobre las mismas estructuras desde las que son creadas: ritmos de trabajo muchas veces abusivos, temas de interés en contenido que consumimos, redes de contacto, etc. por muy «cyber punk» que a veces nos creamos, estamos sólo cambiando canales y velocidades. Trabajaré esta idea pensando el mercado laboral, un espacio que se ha visto transformado y afectado fuertemente en el último año.

Hacia la descentralización… Trabajar desde cualquier lugar

Si bien esta crisis de salud llegó a afectar a cerca de 2 millones de puestos de trabajo en Chile (ver noticia publicada en EMOL), debido a la imposibilidad de operar que tenían varias industrias, también flexibilizó la manera de trabajar para muchas personas. El teletrabajo, la automatización de puestos de trabajo y procesos productivos y comercio online cuentan dentro de algunos de los elementos más llamativos de esta transformación digital en el mercado del trabajo. Así se han abierto nuevas vacantes, cambian las competencias buscadas, se re direccionan las prácticas de reclutamiento y selección y las oficinas se vacían… ¿si ya no requiero estar siempre en la oficina, qué efectos puede tener la digitalización del mercado del trabajo en el uso de los espacios en las ciudades o incluso en una temática como la descentralización en Chile?

Revisemos brevemente este tema. En Chile uno de los principales problemas a atender en miras al desarrollo sostenible es la desigualdad, y ésta esta implicada con la pregunta por la concentración económica y de toma de decisiones. La desigualdad y centralización son más que formas, estructuras profundas de los sistemas en los que operan las empresas. Esta concentración de beneficios se explica recurrentemente como resultado de un esquema de concentración del poder del Estado para la toma de decisiones y gestión de presupuesto fiscal. Pero, a la luz de los desafíos sociales que enfrentamos en nuestro país, es clave ampliar la mirada y estudiar esta concentración también como producto del mercado y la competencia que se genera entre regiones, una competencia que gana sistemáticamente la más región más desarrollada: la región Metropolitana (RM).

Lo que es seguro es que no estamos en la oficina, ¿y podríamos no estar más?

Algunos datos al respecto: el SII reporta para el año 2017, según la recaudación de empresas y sus domicilios tributarios, que el 80,3% de las ventas realizadas en Chile pertenece a empresas de la región Metropolitana, mientras que solo el 19,7% se reparte en el resto del territorio (Esto no refiere a que el 80,3% de las empresas opere en la región metropolitana, sino que, teniendo operaciones y trabajo en las regiones, tienen su domicilio en la región metropolitana. Aquí entran casos de empresas de la Minería (norte de Chile) o forestales (sur) cuyas oficinas centrales están localizadas en la RM).

Este nivel de distribución se repite, en la base del SII, durante los últimos 14 años, implicando que de cada $1000 que se venden en cualquier región del país, las ganancias asociadas a $800 se van a Santiago y las de los otros $200 se quedan en las regiones (ver noticia publicada en CIPER). El flujo de esta riqueza si bien no termina aquí y tiene, de seguro, más derivas y usos finales (ya sea nuevamente hacia regiones, pago de impuestos o inversiones), nos habla del foco de atención y preocupación que es la RM como territorio para el desarrollo económico y mercado laboral en Chile.

Hasta el día de hoy, colegios hasta empresas mineras, mantienen regímenes de trabajo mediados por la virtualidad. Hemos digitalizado los contenidos y procesos de las instituciones y las interacciones laborales se han deslocalizado de los puestos de trabajo clásicos, y con ello han nacido un sin fin de nuevas consideraciones, complicaciones y beneficios. Lo que es seguro es que no estamos en la oficina, ¿y podríamos no estar más? Por ejemplo, son 12 los servicios del Estado que ese año están iniciando un plan piloto, sin precedentes en la administración pública, en el cual los funcionarios podrían optar a modalidad de teletrabajo permanente. También son muchos los casos de emprendimientos y empresas que permitirán esta modalidad para sus trabajadores de manera permanente, incluso estudios muestran que 1 de cada 4 puestos de trabajos ofertados tiene modalidad a distancia o mixta (Cabe la necesaria consideración que esto no aplica a todos los trabajos o trabajadores, sobre todo mujeres. Menos aún si pensamos en los trabajos de cuidado en hogares o centros de salud, infancia y adultos mayores).

Esto esta empezando a dibujar en el hoy un futuro posible: Uno en que el operar no depende de estar en la oficina, uno en el que el lugar de trabajo es virtual y por tanto no requiere de mi presencia física, sino de mi atención y acción (virtual). Es este escenario organizaciones como el Estado y algunas empresas podría en ciertos servicios operar fuera de la dinámica de los grandes centros urbanos de oficinas. Pero si el vínculo obligado por los contratos del futuro es la conexión a internet, ¿es necesario estar en la misma región? ¿en Chile? ¿hay aquí quizás una llave para atender territorialmente la desigualdad y la centralización que pesa en Chile desde este cambio en el mundo de trabajo?

Posiblemente depende ¿no?… Las TIC’s abren la posibilidad de dinámicas de comunicación, proyectos y contratación novedosas y ágiles, no mediados por una presencia obligada en un lugar físico. Y no es que la oficina desaparezca, sino que hace simbiosis con la casa, con los cafés de la ciudad o con espacios de trabajo comunes con más organizaciones (coworks). El problema que veo es que, si avanzamos sin atender a las condiciones estructurales de concentración del valor generado para la RM, como el número de empresas domiciliadas en regiones versus la RM y estructuras políticas y de gestión fiscal, las TIC’s operarán como un maquillaje, como un canal veloz que guarda la estructura centralizado de la realidad de la generación y concentración de valor económico en Chile.

No vale trabajar en región para reportar todo Santiago; no aplica como transformación de estructura el aprovechar el teletrabajo e irse al campo al tiempo de depender de los pagos que se generan desde transacciones centradas en la RM. Hay una disyuntiva clave a atender, y es la siguiente: que RM sea una referencia obligada en nuestras dinámicas económicas y laborales, o bien el construir un vínculo de comunicación permanente entre los territorios en el que la RM esta implicada. Y ojo, ambos escenarios requieren de comunicaciones mediadas por TIC’s y digitalización. Hay que tener cuidado en no caer en la ficción de un Chile descentralizado gracias al solo uso de la tecnología y el teletrabajo cuando el foco de atención de las empresas, la generación de ganancias y la toma de decisiones sigue concentrado.

Para cada industria y tipo de empresas habrá una forma única de enfrentar estos desafíos, pero no puede ser aislada. De aquí la importancia de alianzas revitalizadas para enfrentar estas interrogantes de la modernidad y la revolución tecnológica 4.0. Los hubs de emprendimientos regionales son un fuerte impulso de cambio de esta situación, como el impulso, y también todas las iniciativas de innovación y modernización del Estado, como lo son los servicios ahora disponibles vía oficinas virtuales y la Clave Única. Hay que trabajar para que las TIC’s, que son clave en la instalación de las transformaciones en el mundo del trabajo, nos permitan soñar, emprender y adaptarnos, y que por ellas no se nos pase el volver la mirada a nuestro quehacer.

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