Por Cristián Oyanedel Garrido
Director de Innovación y Transferencia Tecnológica – DITEC
Universidad de Valparaíso
Los territorios innovadores son aquellos que avanzan decididamente en su desarrollo, el que comprende la capacidad de combinar cuatro atributos que potencien su recorrido.
El primero de ellos es la competitividad económica, capacidad del territorio de mantener una propuesta de valor reconocida y apreciada por los mercados.
El segundo elemento es la sostenibilidad ambiental, que permite proyectar que las actividades productivas que se realizan en el territorio, puedan seguir ejecutándose en el tiempo.
Un tercer elemento es el equilibrio territorial, que es la capacidad de mantener el territorio sin fracturas, que generen bolsones que originen proceso de causación circular detrimental, o que, en otras palabras, se originen territorios “perdedores” en los que nadie quiere estar, ir, ni invertir.
El cuarto y último elemento es el bienestar y cohesión social, un atributo olvidado en Chile pero que, a partir del estallido social, retomó su importancia, al reconocerse como una condición de base para cualquier actividad económica.
Pero ¿Cómo se puede avanzar en esta construcción de territorios innovadores?. Es clave pensar en los procesos que generan las condiciones para que se propicie esta relación.
En este sentido, podemos tener un primer acercamiento, mirando los ejemplos de los territorios que han avanzado en estas lógicas y donde podemos reconocer un elemento común, el aprovechamiento racional de los recursos. Y, cuando hablamos de recursos, no debemos pensar sólo en los convencionales: los investigadores del área reconocen la relevancia de los recursos económicos, físico – naturales, socio – culturales y territoriales.
Me detengo en los recursos poco relevados tradicionalmente cuando hablamos de innovación; el primero de ellos es el capital cultural, que se asocia a la capacidad adaptativa de las poblaciones humanas para enfrentarse al entorno natural y modificarlo, lo que se presenta como un elemento imprescindible para avanzar en las distintas dimensiones del desarrollo.
Este capital cultural influye en el desempeño de las economías locales, pues los valores compartidos condicionan las formas en que se asumen los procesos de innovación, conductas colectivas más creativas e innovadoras, comportamientos más flexibles y adaptados a los cambios.
El segundo recurso, capital social, está asociado a cómo interactúan las fuerzas sociales con los procesos económicos; determinan la capacidad y la facilidad de los actores y de los grupos para trabajar colaborativamente por un mismo fin, se asocia a las redes y acceso a recursos.
Ahora, con todos estos elementos en mente, y reconociendo los atributos disponibles en la región de Valparaíso ¿Cómo podríamos acercarnos a modelos de articulación que sean beneficiosos para todos los actores de la región?
Se requiere construir confianza entre los distintos actores, que hagan factible la cooperación y propicie una identidad grupal capaz de sustentar proyectos colectivos a favor de objetivos estratégicos que nos favorezcan a todos.


