Por Jaime Galleguillos Vega
Director Diseño Industrial, Diseño de Ambientes y Diseño Vestuario DUOC Viña del Mar
Integrante Comisión de Innovación de ASIVA
La pandemia que llegó casi sin avisar nos ha puesto con una mirada de incertidumbre en el presente y con una mirada esperanzadora en el futuro. Para asegurar esto último, cabe destacar los múltiples e infinitos esfuerzos desarrollados por la ciencia para dar solución a este virus a través de la aceleración sistemática de pruebas y testeos de vacunas y así sacar al mercado una solución lo más temprano posible, en ello hay un interés comercial, pero este subyace ante el interés de supervivencia de todos.
Aín con las noticias de las fallas que han tenido algunos de los mejores laboratorios del mundo, no cabe duda que el esfuerzo de la ciencia logrará buenos resultados. Pero también cabe destacar los esfuerzos de múltiples organismos nacionales y regionales, sobre todo de Instituciones de Educación Superior IES, para poder desarrollar soluciones a las demandas que nos colocó esta pandemia, como la construcción acelerada de ventiladores mecánicos y otros desarrollos.
Los distintos organismos, públicos y privados que trabajaron en esto son una muestra del talento que tenemos instalado en nuestra base formativa y que las innovaciones desarrolladas pueden llegar a impactar de buena forma a quienes demandan por éstas, en la medida que el proceso formativo esté conectado a las reales y urgentes problemas de nuestra sociedad, no solo desafíos empresariales, sino aquellos esenciales y que apalancan la mejora de calidad de vida de las personas. Este tiempo, por tanto, prueba nuestras capacidades, y descubren pese esto, oportunidades para proyectar un futuro distinto. Sin embargo, cabe preguntarse si el proceso formativo de las carreras ligadas a la innovación (Diseño, Ingeniería entre otras) está en sintonía con este futuro y que exige que las habilidades que incorporan nuestros titulados, así como la reconversión de la fuerza trabajadora este alineada con este nuevo orden.
A pesar de todo lo nuevo en tecnología, las capacidades que tienen las nuevas generaciones para operarlas no es lo que más exigen hoy día las empresas. La pandemia alteró el orden de las habilidades más valoradas colocando a la creatividad en el número uno. Así lo ilustra el informe “Las empresas españolas frente a la revolución del reskilling” elaborado por EY y Future for Work Institute, el que revela que el 91% de las compañías espera que la demanda por la habilidad de creatividad crezca entre 2020 y 2022. La recopilación y evaluación de información (87%), el análisis de información numérica (85%), el trabajo en equipo (81%) y el coaching (76%) son los más valorados después de la creatividad. Mientras, las destrezas tecnológicas como la programación de softwares solo ocupan el sexto lugar de este conjunto de habilidades.
Esto nos obliga a pensar de qué modo nuestras empresas están tomando en cuenta esta valoración de capacidades, ya que, si algo sabemos, no se generan espontáneamente dentro de ellas y habría que medir los esfuerzos que hacen los departamentos de personas por desarrollar estas capacidades versus el interés personal de sus colaboradores, dado que en un mundo cambiante, ambos debieran estar conscientes que la velocidad de transformación es un factor de competitividad. Si de algo deben estar seguras las empresas, es que serán más competitivas si tienen a la gente correcta y en el momento correcto.
Por esto, la colaboración pública privada, entre IES y empresas debieran enfocarse a valorar e incorporar esta habilidad, que es propia de la innovación, pero que debe desarrollarse en todas las personas enfrentadas a un contexto laboral. Como dice Santi García, cofundador de Future for Work “el principal reto del contexto actual viene marcado más por una complejidad a la incertidumbre que a la falta de desarrollo tecnológico. Para gestionar situaciones difíciles a las que nunca nos hemos enfrentado antes, a nuevos problemas, se necesitan soluciones creativas”.


