Opinión: Chile Constituyente

El Domingo 25 octubre 2020 se inscribe en la historia de este país. Hemos iniciado un proceso constituyente en Chile y el debate no demora en tomar curso y forma. La opción Apruebo ganó con un 78,27% de las preferencias, llegando a cifras al rededor del 90% en comunas tales como zonas de sacrificio o conflicto ambiental (Freirina: 91,77%, Petorca: 90,05%, Illapel: 88,99). La participación aumentó de manera significativa en comparación a la última elección del 2017, para la segunda vuelta presidencial, especialmente en comunas de bajos ingresos.

Estamos en un momento tan desconcertante como esperanzador. De todas formas, creo que tengo un par de claridades que vengo a compartir. la primera de ellas es que, frente a la pregunta por iniciar un proceso constituyente, la polarización de la cual se hablaba no era tal. En una dimensión factual, esta elección y sus resultados ponen en evidencia la preferencia mayoritaria de la ciudadanía por si avanzar en este proceso constituyente. Pero la sensación era otra, al menos creo, buscaba ser otra. Los paneles de televisión, espacios de debate en medios de comunicación, ministros de gobierno, Congreso y paneles de expertos no conversan con estas proporciones, sino que guardan otras referentes a grupos de poder e influencia más cercanas a las comunas de la «isla de la Fantasía», siguiendo la metáfora de Daniel Matamala.

Inician las discusiones sobre presidenciables, sobre los candidatos a convencionales (con más candidatos que usuarios de twitter y escaños disponibles) y sobre temáticas constitucionales. Sobre esta tercera creo que recae una importancia crucial. El desarrollo sostenible puede tener un espacio en este debate solo si quienes trabajamos dirigidos por esta idea nos involucramos en este proceso constituyente. Y con todo esto en mente, aquí estamos, a sólo un par de semanas desde aquel domingo, sopesando los resultados y las perspectivas a la par de la noticia de la reducción de la multa a Penta por 1.400 millones de pesos, el escándalo por el financiamiento de la fundación Jaime Guzmán, una oposición a lo menos enfrentada en negociaciones (muchas) y un oficialismo conflictuado entre sus partidos, dirigentes y ministros.

Como guía práctica siempre sirve tener a mano el recorrido institucional que se inicia: el siguiente 11 de enero deben inscribirse las candidaturas para la Convención Constitucional. El día 11 de abril 2021 serán elegidos por votación popular los 155 miembros de esta convención paritaria, única en la historia de nuestro país y el mundo. Avanza también en la Comisión de Constitución del Senado un proyecto para agregar con escaños reservados para pueblos que busca sumar 23 cupos a los ya 155 determinados. Son 9 meses los que tendrá la convención para presentar un texto constitucional, periodo extensible hasta por 3 meses más. Será entonces a mediados de 2022 que con un nuevo plebiscito de salida la Nueva Constitución verá la luz, o no.

Será diferente pasar de votar por una idea a votar por candidatos. Las ideas son fuertes a la vez que amplias en sentido, a diferencia de las historias de vida, carne y hueso, virtudes y errores de candidatos y candidatas ¿Cómo mantener/mejorar en nivel de participación en las siguientes elecciones? Debemos también enfrentar preguntas sobre esta «isla de la fantasía» y sobre esta polarización de medios y espacios de poder, que, incluyendo esta idea de desconexión, nos habiliten para reflexionar el fenómeno complejo de la construcción de miradas de mundo ¿Qué función cumplen estas miradas en la sociedad? ¿Qué comunicaciones cierran? Otro punto de desconcierto es que la llamada clase política es tanto el dolor como la estructura sobre la que andar este camino ¿Cómo avanzar en política sin esta política? ¿Cómo abrimos espacios de participación a la ciudadanía, o estamos bien con los escaños de constituyentes? ¿Qué es esta idea de independencia de la cual se propugna tanto? Estas son solo algunas de miles de preguntas habidas y por haber.

La independencia más que una máxima me parece una peligrosa quimera. Por sobre altas expectativas, creo más en desafiarnos al asombro y extrañamiento durante estos casi dos años de proceso que se avecina. El proceso constituyente del que hablo tiene un correlato institucional en la seguidilla de votaciones por venir, pero creo, como segunda y última claridad que guardo conmigo por el momento, que existe e impacta en tanto esté presente en nuestras casas, calles, plazas, medios de comunicación y salas de clase.

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