Opinión: Descarbonizando de corazón

Todo el proceso de ajuste en pandemia nos ha evidenciado que la contaminación atmosférica temporalmente ha dado muestras de mejora (en parte), por ausencia del parque automotriz, cielos más limpios y entorno más amigable y respirable. En el entendido que este mientras tanto será sólo eso, mientras tanto tanto no se vuelva a la normalidad y el flujo vehicular circule libremente. Todo esto nos focaliza en el uso de combustibles fósiles responsables en gran medida del deterioro atmosférico de las ciudades y entorno en general.

A pesar de que contamos en la matriz energética nacional, con un quinto en energías renovables; aún tenemos derivados del petróleo y carbón, entre otros, que enlentecen la migración a una aportación mayor de las energías llamadas limpias. Por otra parte, hemos recibido con alegría el anuncio gubernamental del cierre de termoeléctricas, bajo el prisma de la sostenibilidad, de ir cumpliendo compromisos internacionales (NDC, CONTRIBUCIÓN DETERMINADA A NIVEL NACIONAL), en relación a reducir la generación de gases efecto invernadero (GEI), de aportar realmente con acciones concretas a la mitigación y adaptación al Cambio Climático. Y de ir haciendo la reconversión, el cambio a procesos circulares que contribuyan a mejorar el entorno, a ir manifestando que los compromisos son más que buenas intenciones.

Como todo proceso donde se involucran personas, es importante hacer eco de las lecciones aprendidas de procesos de reconversión, que van más allá de entregar un oficio a los/as trabajadores/as que quedarán sin su fuente laboral en un corto o mediano plazo, que no bastará con formar panaderos y peluqueros (sin desmerecer), pero que han de asegurar que podrán continuar con la calidad de vida que tenían e idealmente propiciar sus mejoras, no solo para quienes aportan al PIB, sino que a sus núcleos familiares, es por ello que cada proceso de reconversión ha de tener un enfoque sistémico que coloque a la persona en el lugar que corresponde.

Más aún, Chile suscribió los ODS 2030 – Objetivos de Desarrollo Sostenible y uno de ellos es el Objetivo Número 8 (ODS 8): Promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todos, todo esto ahora bajo condición de pandemia, lo que ha de impulsar la implementación de medidas pertinentes con el fin de encauzar a las naciones hacia un camino de desarrollo más sostenible, propendiendo a que la economía mundial sea más resiliente a futuras perturbaciones de diversa magnitud.

Este proceso de reconversión de los trabajadores/as se vincula a que todas las personas tengan oportunidades para realizar una actividad productiva que redunde en un ingreso justo que otorgue mejores perspectivas de desarrollo personal y propicie la integración social, por tanto es indispensable aunar voluntades, vincular al sector público y privado, a la comunidad, la academia y los/as agentes territoriales que correspondan, queda mucho por hacer.

Las palabras convencen, el ejemplo arrastra.

 

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