Por Pilar Gárate
Coordinadora Programa Mujeres en la Ingeniería USM
Cuando en abril del año pasado me solicitaron coordinar el programa Mujeres en ingeniería de la USM, que forma parte del proyecto The Clover 2030 de CORFO, me atrajo la idea de ser parte de un programa que pudiese incentivar la participación de mujeres en el ámbito de la ingeniería, área donde nuestra participación aún sigue siendo baja. La idea me entusiasmó aún más pues la percibía como una extensión natural de las actividades en las cuales participé previamente, como Directora del Departamento de Industrias de la USM, relacionadas con emprendimiento femeninos.
Fue en estas actividades donde me llamó la atención las particularidades que presentaban estos emprendimientos femeninos y que decían relación con la naturaleza de estos, ligados principalmente a la necesidad, y la edad a la cual las mujeres comienzan a emprender, que es relativamente alta, pero más aún me sorprendió la importancia que tenía para las mujeres emprendedoras el contar con redes de apoyo que les brindaban el soporte necesario para llevar a cabo sus ideas de negocio. En este sentido, y como buena ingeniera, me dediqué a estudiar el tema de género en relación con educación, innovación y emprendimiento levantando información estadística relevante, leyendo autores en el tema y asistiendo a seminarios donde se trataban brechas de género en estos ámbitos. Las estadísticas fueron abrumadoras en todos los aspectos partiendo en educación, donde la brecha aumenta mientras mayor es el grado de educación de la mujer, que se traduce también en importantes brechas salariales.
En lo que respecta a innovación y emprendimiento si bien estos últimos han aumentado, en la Quinta Región en mayor proporción que los hombres, en términos de innovación estamos al debe y no hemos explotado todo el potencial. Es por ello que, desde una perspectiva económica, la incorporación de las mujeres al mercado laboral es fundamental, pues es una fuente de generación de nuevas ideas y aporte de soluciones innovadoras. Las estadísticas así lo señalan: empresas que cuentan con equipos con presencia femenina son equipos más fructíferos en la generación de ideas y soluciones creativas.
No podemos como país dejar pasar esta oportunidad. Por ello la generación de redes de contacto y comunidades de trabajo es vital para generar este necesario cambio. La voluntad y el entusiasmo existen, como se aprecia en un número de organizaciones tales como Federación MiPyme que, a través de su representante, Carmen Greco, da fe de este genuino interés. Sólo nos falta tomar plena conciencia que a través de un fuerte grado de organización y cooperación lograremos generar redes de contacto efectivas que promuevan liderazgos y emprendimientos femeninos, que a su vez tendrán un efecto multiplicador para las próximas generaciones. Es justamente en este sentido que el programa Mujeres en Ingeniería de la USM está trabajando fuertemente.

*Columna publicada en la edición #7 de la revista La Quinta Emprende, disponible en http://198.37.123.65/~laquinta/todas-las-revistas/


