Cada 8M mientras las consignas resuenan en las calles, también lo hacen los datos con una claridad que ningún discurso o campaña puede esquivar: Chile sigue siendo un país con muy bajo desempeño en igualdad de género dentro de la OCDE y las brechas estructurales que separan a hombres y mujeres en el mundo del trabajo, no cierran con la velocidad y la urgencia que la sociedad demanda.
¿Cuánto hemos avanzado? ¿Cuánto hemos retrocedido? ¿Qué nos espera en los próximos años?
Según el informe del OCEC-UDP, Chile Mujeres y la Cámara de Comercio de Santiago, durante el 2024, la tasa de participación laboral femenina fue de 52,6%, la cifra más alta desde que existen registros. Sin embargo, esta cifra esconde una realidad mucho más compleja y un dato que debería generar alarma. La creación de empleo femenino cayó de 141.000 nuevos puestos en el periodo marzo-mayo 2024 a apenas 18.000 en el mismo trimestre 2025, según datos entregados por el Observatorio Económico Social de la Universidad de la Frontera. La pérdida se concentra en los grupos más vulnerables, mujeres jóvenes y con menor nivel educacional.
Por su parte, el informe Women in Work 2025 de PwC, que mide los avances en igualdad de género en el lugar de trabajo, ubica a Chile en puesto 31 de 33 países OCDE, con una brecha salariar de género de aproximadamente 14. Al paso actual de progreso, observado entre 2011 y 2023, se necesitarán más de 46 años para cerrar esta brecha.
Por su parte, un estudio del PNUD y la OIT publicado en el 2024 identificó barreras estructurales que siguen frenando el avance, entre las que se distinguen “la penalización a la maternidad” es decir, la sobrecarga del trabajo no remunerado en los hogares, dificultad para conciliar vida laboral y familiar, discriminación en el ciclo de vida laboral especialmente a mujeres con hijos pequeños, en edad fértil o mujeres mayores; brechas salariales, en donde las mujeres seguimos concentradas en sectores de menor remuneración y accedemos proporcionalmente más a empleos informales que los hombres.
Los próximos años serán decisivos, la automatización, el avance de la IA, la transformación digital y el desarrollo de negocios tecnológicos están redibujando el mercado laboral y las mujeres enfrentamos ese cambio con desventajas acumuladas. La CEPAL advierte que las brechas de genero podrían profundizarse si no se implementan acciones adecuadas como transformaciones educativas.
Sin embargo, hay señales alentadoras que abren una ventana de oportunidades. El nivel educacional de las chilenas ha experimentado una transformación acelerada. En 1990 solo el14% de las mujeres trabajadoras tenia estudios de educación completa. Para el 2022 esa cifra alcanzo el 40% y en el 2025 más del 50% de las mujeres entre 25 y 59 años cuenta con estudios superiores.
Sin embargo, hay un escenario preocupante. Se estima que para el 2030 la automatización afecte los empleos en donde las mujeres más se concentran: servicios, administración y cuidados.
Este 8M las cifras no mienten, tenemos indicadores que celebrar y brechas estructurales que solucionar. Ambas cosas ocurren al mismo tiempo. Y esa tensión, esa incomodidad es exactamente lo que debe impulsar a la acción.
Claudia Aravena Molina
Licenciada en Ciencias de la Comunicación UDLA y magíster en Marketing de la FEN, U. de Chile, académica y consultora senior en comunicación estratégica.


