La noticia del cierre de Algramo, es una advertencia contundente para todos aquellos que piensan que solo declarando “un propósito” basta para generar un compromiso genuino con la sostenibilidad, un vínculo de confianza con sus grupos de interés o garantizar una licencia social para sus operaciones.
Tal como lo comenta en la red social LinkedIn su creador José Manuel Moller, Algramo fue una empresa innovadora. Evitó que millones de envases plásticos se sumaran a los tantos ya en circulación, impactó a miles de negocios de barrio y con ello los hábitos de consumo de sus clientes, expandió su modelo de negocios a seis países y fue reconocida globalmente por su modelo de innovación. Su cierre no se debe a un modelo fallido, sino a una desconexión profunda con la sostenibilidad, con los principios y criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) y la realidad en cómo las grandes empresas se comprometen y los ejecutan.
Las declaraciones de su fundador son elocuentes: “Algramo fue diseñado para avanzar con la ambición que el mundo ambientalmente necesitaba, pero la guerra en Ucrania frenó el impulso ambiental, y el año pasado grandes socios como Unilever, Walmart y Coca-Cola lamentablemente eliminaron sus metas de reutilización para enfocarse solo en reciclar”
Este giro no es un cambio menor, es una muestra de que cuando las cosas se ponen complejas, muchas organizaciones tienden a abandonar los enfoques más desafiantes, como la reutilización, para enfocarse en soluciones de menor impacto o más cosméticas como el reciclaje, delegando así la responsabilidad del impacto ambiental en el consumidor final.
La reutilización, en cambio, exige rediseñar cadenas logísticas, enfrentar fricciones operacionales y transformar modelos de negocios. Claramente es más costosa y por ende incómoda, pero también es más transformadora y centrada en un propósito no solo declarado, sino también un propósito inserto en el ADN y la cultura empresarial.
Lo que enfrentó Algramo con el retiro de importantes aliados tiene nombre: “Síndrome del ASG de temporada” Se trata de compromisos corporativos con la sostenibilidad que solo existen mientras no represente una carga a los intereses económicos, presiones políticas o cambios en la percepción pública. La guerra de Ucrania, la inflación global, la incertidumbre económica y la ofensiva política anti “woke” en USA, fueron un escenario perfecto para recortar los programas ASG.
Lo anterior expone una realidad incomoda: muchos compromisos de sostenibilidad no están integrados en el corazón de la empresa, sino que orbitan en los bordes, actuando como publicidad momentánea, la que es retirada cuando llegan los tiempos complejos, dejando en evidencia la fragilidad de los compromisos ASG y con ello el costo social y ambiental que conlleva su abandono.
No sólo cayó un gran emprendimiento, sino también cientos de emprendimientos de barrio y comunidades que se alejan de soluciones sustentables que sí funcionaban.
Tres lecciones clave:
Algunas de las lecciones que debemos repensar para el futuro de la sostenibilidad empresarial:
- La dependencia de los gigantes es un riesgo existencial
Las startups y emprendimientos no pueden basar su escalamiento únicamente en alianzas con grandes corporaciones que pueden retirarse sin previo aviso. Es necesario diversificar las fuentes de ingreso, fortalecer sus comunidades de usuarios y construir resiliencia financiera desde el inicio.
- Los compromisos sostenibles requieren mecanismos de fiscalización
Cualquier empresa puede anunciar ambiciosas metas sostenibles, propósitos rimbombantes que generen titulares y años más tarde, retirarlas sin ninguna consecuencia. Urgen marcos normativos que garanticen el cumplimiento de los compromisos con la sostenibilidad.
- Apostar por el cambio profundo.
El compromiso con la sostenibilidad deben tener un correlato con acciones verificables. El greenwashing, purplewashing o cualquier acción de lavado, sigue siendo una moneda corriente. Las empresas que verdaderamente entiende la crisis climática y social, se comprometen a generar impactos positivos e invierten a largo plazo y con ello, construyen una sólida reputación corporativa.
La sostenibilidad y el compromiso con los criterios ASG, son un imperativo estructural a la hora de construir marcas consientes y de gran reputación, pues tienen un impacto directo en el negocio. Según el informe global RepTrak del 2022, los valores intrínsecos y vinculados a la sostenibilidad y a los criterios ASG pueden llegar a explicar en torno al 40% de las dimensiones que construyen la reputación corporativa. Y las empresas con baja puntuación en cuanto a la gestión de la sostenibilidad, reducen la probabilidad de compra en un 10 a 20% a diferencia de aquellas con altas valoraciones, en las que las probabilidades de compra suben hasta el 67%
El cierre de Algramo, es de alguna manera un espejo, que no solo refleja la caída de una gran startup, sino también la necesaria coherencia que habla de sostenibilidad, discurso y acción. Hoy más que nunca requerimos en el ecosistema de negocios, agentes de cambio, empresas comprometidas con su reputación corporativa, con la sociedad actual y con el legado futuro. Uno futuro más sostenible, sustentable y perduradero.
Magister en Marketing Universidad de Chile.
Académica y consultora en comunicación corporativa.


