Víctor Lau de Impacta VC recorre el antes y después del ecosistema startup en Latinoamérica, y lanza un mensaje claro a los nuevos fundadores: las ideas ya no bastan.
En 2021, emprender en Latinoamérica era casi una fiesta. Las startups levantaban millones en cuestión de meses, los unicornios se multiplicaban y los fundadores se acostumbraron —a veces demasiado— a las buenas noticias. Pero la fiesta terminó rápido. A los dos años, la música bajó, las luces se encendieron y la resaca de sobrevaloraciones dejó a muchos fuera de juego.
Víctor Lau lo vivió desde la primera fila. Como Managing Partner y CFO de Impacta VC, ha visto subir y caer a más de un proyecto en esa montaña rusa que ha sido el capital de riesgo en la región. Hoy, en un café en Providencia, habla con calma y sin eufemismos. «Para quienes hoy emprenden, la clave está en construir fundamentos», lanza con firmeza.
Las cifras lo respaldan. Tras una caída de más del 80 % en la inversión entre 2021 y 2023, el 2024 ha traído señales de recuperación. “La inversión está volviendo, pero las valuaciones son más conservadoras, y eso es bueno. Son mucho más saludables que las de hace unos años”, afirma.
Mientras en Silicon Valley las rondas siguen rompiendo récords, en América Latina las etapas pre-seed y seed han comenzado a mostrar otro ritmo. “En esas etapas todavía estamos por debajo en valuación comparado con Estados Unidos, pero estamos creciendo más rápido. Eso habla de madurez”, comenta.
Pero Lau no viene a celebrar, viene a advertir. En este nuevo ciclo, los inversionistas ya no se dejan encantar por presentaciones bonitas o pitchs con promesas grandilocuentes. “Buscan señales claras: usuarios reales, ingresos consistentes, un producto que funcione y una estrategia para escalar. Ya no basta con tener una idea atractiva”, sentencia.
Los emprendedores, según dice, están aprendiendo a jugar de otra forma. Muchos están combinando capital con deuda para estirar el famoso runway y evitar diluirse demasiado. “Eso les da más tiempo para crecer y llegar a una mejor valuación en la siguiente ronda”, explica.
Y si bien el crecimiento sigue siendo prioridad, el gran desafío sigue siendo el mismo: cómo salir. “En la región todavía vemos pocas adquisiciones o IPOs, y eso afecta la percepción de riesgo. Por eso hoy muchos emprendedores están pensando desde el principio en cómo construir un camino claro hacia una salida”, dice.
Hay un último punto que suele olvidarse en el discurso más romántico del emprendimiento: la estructura interna. “Las startups con buena organización, cumplimiento regulatorio y gobernanza sólida tienen mejores chances de levantar capital. Reducen el riesgo, y eso hoy pesa más que nunca”, asegura.
Para Lau, el nuevo escenario exige una mentalidad distinta. Menos show, más sustancia. Menos proyección, más evidencia. “Hoy, quienes construyen con visión, disciplina y estrategia, tienen todas las de ganar”, dice antes de terminar el café y levantarse para la siguiente reunión. La fiesta no volvió, pero quienes aprendieron la lección están listos para bailar mejor esta vez.


