¿Falta de talento o falta de estrategia para levantar capital humano capacitado?

En los últimos años, el discurso sobre la escasez de talento en Chile se ha vuelto alarmantemente común. Se repite en foros empresariales, en medios y en reuniones de directorio: “no encontramos personas capacitadas”, “hay mucha rotación”, “no tienen las competencias que necesitamos ”. Pero la pregunta que es importante hacer es otra; ¿Realmente nos falta talento o lo que falta es una estrategia clara para construirlo?

Según el último informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Productividad, en 2024 la productividad laboral del país se mantuvo estancada. Esto no es solo una cifra: es una alerta. Mientras tanto, cientos de empresas -desde grandes faenas mineras hasta pymes locales-reconocen su dificultad para contratar trabajadores que cuenten con habilidades técnicas, ambición de aprendizaje para mejorar sus trayectorias formativo-laborales, y sobre todo, capacidad de proyectarse dentro de la organización.

Sin embargo, la experiencia del trabajo de años con empresas de distintos sectores y tamaños nos ha permitido comprobar algo casi evidente, pero que no siempre se pone en práctica: cuando las organizaciones definen con claridad los perfiles que realmente necesitan y diseñan rutas formativas basadas en ese diagnóstico, los resultados pueden transformar significativamente la manera en que se accede y desarrolla el talento.

Hablamos de mallas laborales personalizadas que permiten mapear cargos críticos, formar con foco en habilidades que son realmente necesarias por la industria y transformar la capacitación en una inversión con retorno. Esta metodología no solo optimiza la productividad: reduce la rotación, mejora los indicadores de seguridad y genera equipos alineados con la estrategia del negocio. No se trata de formar por formar, sino de formar para transformar.

Pero el desafío es más profundo. Si queremos avanzar, necesitamos una visión compartida. Las empresas deben asumir un rol activo en la formación del talento que requieren, utilizando instrumentos como la Franquicia Tributaria o la Ley de Donaciones para invertir con propósito, y en la formación que realmente la industria necesita. El Estado, por su parte, debe promover alianzas público-privadas que conecten la educación técnica con el desarrollo productivo de los territorios. Y la sociedad tiene que mirar la formación técnica como un motor legítimo de movilidad social y crecimiento económico.

El talento no aparece por arte de magia. Se diseña, se acompaña y se retiene. La buena noticia es que ya existen herramientas. Lo que nos falta es decisión. Porque solo si dejamos de esperar que el talento llegue por inercia -y nos comprometemos a crearlo por diseño- estaremos construyendo, de verdad, el capital humano que el Chile del futuro necesita.

Por Enzo Molina, Jefe de Proyecto – Vetas de Talento de Fundación Chile

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