Desde temprano en la mañana, un aroma familiar flota en los mercados, cocinas y picadas de Chile. Es 15 de abril y en más de algún hogar ya se está cocinando una cazuela con zapallo amarillo, mientras en otros se calienta el horno para recibir un pastel de choclo. Hoy se celebra el Día de la Cocina Chilena, una fecha que invita no solo a saborear, sino a recordar, reconocer y agradecer.
La efeméride nació en 2009, cuando por Decreto Presidencial se estableció esta fecha como un homenaje a la historia gastronómica del país y a su valor como patrimonio cultural. Pero más allá del calendario, la cocina chilena vive a diario en las mesas compartidas, en las recetas heredadas, en las cocineras de feria y en los chefs de escuelas gastronómicas. Vive en el aroma del sofrito, en el sonido del sartén, en la textura del pan amasado.
“La cocina chilena es una invitación a volver a nuestras raíces, a celebrar la identidad que se cuece a fuego lento en cada hogar y en cada rincón de nuestra tierra”, dijo a La Quinta Emprende, Patricio Ahumada Quezada, docente de la Escuela de Gastronomía de Duoc UC Sede Valparaíso. Para él, enseñar cocina chilena no es solo un acto pedagógico, es una misión cultural. “Tenemos la responsabilidad de mantener vivas las tradiciones del recetario chileno, no solo como un acto de memoria, sino como una forma de proyectar nuestra cultura hacia las próximas generaciones. Nuestra cocina no es solo patrimonio, es también futuro”.
Ese futuro también se cocina en pequeños negocios familiares que mantienen vivas las tradiciones a punta de trabajo y sazón. En Concón, por ejemplo, está la Picá Los Canalla, donde los pescados y mariscos se sirven frescos, en porciones abundantes, y con el cariño que solo una cocina hecha en familia puede entregar.
En la Región de Valparaíso, los sabores chilenos se celebran en distintos rincones. Está el histórico Mercado Cardonal, en Valparaíso, donde las empanadas de mariscos y los caldillos de congrio son clásicos. En Quillota, la cocina campesina se expresa en platos de huerta como el charquicán o el tomaticán. En Limache, pequeñas cocinerías rescatan la repostería criolla y las empanadas al horno. Y en las caletas Portales y El Membrillo, el mar se transforma en chupe, paila o ceviche, con sabor a costa y tradición.
Y si hablamos de patrimonio vivo, imposible no mencionar a Gallo Giro, la tradicional picá gastronómica de Villa Alemana. Atendida por sus propios dueños, la señora Ana María y don Horacio Daza, es mucho más que un restaurante: es un punto de encuentro donde la cocina campesina se mezcla con la música tradicional chilena y ranchera. El nombre, inspirado en la película mexicana de 1948 Gallo Giro, evoca esa esencia popular y vibrante que se respira en cada rincón del local. Allí, la comida se acompaña con canto, cueca y comunidad. Un imperdible es “La Picá de la Cueca”, una actividad mensual con música en vivo, platos criollos y un ambiente familiar que honra nuestras raíces.
En cada uno de estos lugares, la cocina chilena no es solo comida: es identidad, memoria, herencia y también una oportunidad. El rubro gastronómico local se ha convertido en una fuerza económica que impulsa el turismo, genera empleos y pone en valor los productos de cada territorio.


