Javier y Ruth celebran un nuevo aniversario del A Mano, el restaurante viñamarino que convirtió hamburguesas y gin en una experiencia cultural.
La historia de A Mano no empieza con una cocina abierta ni con una receta secreta. Empieza con un giro inesperado, de esos que cambian la vida sin preguntar. Javier Álvarez Gallardo y Ruth Faundez León, vivían en Barcelona trabajando como chefs cuando decidieron crear su propio proyecto gastronómico. Tenían todo planeado: carta lista, concepto armado, incluso un video promocional grabado. Pero la vida —como suele hacer— les puso una pausa.
“El papá de Ruth se enfermó del corazón. Fue muy fuerte para nosotros, y como familia decidimos volver a Viña del Mar para que nuestros hijos, mellizos de 15 años, pudieran compartir con su abuelo”, cuenta Javier. El regreso fue veloz: aterrizaron un 29 de febrero —sí, en un año bisiesto— y en apenas semanas estaban buscando local.
Lo encontraron. Lo pintaron. Lo armaron. Todo a mano, literalmente. Así nació A Mano Gin & Burgers, inaugurado el 20 de abril. Una fecha que se repetiría como una suerte de guiño del destino.

Contra la corriente
Desde el inicio, el plan era ambicioso. La idea de hacer alta cocina no cuajaba del todo en la dinámica diaria de Viña. Entonces decidieron tomar un camino híbrido: hamburguesas gourmet, elaboradas con técnicas de cocina de autor. Pan horneado a leña con receta tipo pan batido, carne de Osorno sin ningún agregado, y todo lo demás diseñado con precisión.
Pero el concepto no fue recibido con entusiasmo por todos. “Cuando lo conté en Duoc, donde estudié, varios profes me dijeron que era una pésima idea. Que el viñamarino era fome, que no iba a pagar por una burger cara, y menos por gin. Pero nos la jugamos igual”, dijo Javier a La Quinta Emprende.

Y acertaron. A los pocos meses de abrir, ya estaban llenos. La gente no solo pagaba: repetía. El público entendió el concepto y abrazó la experiencia. Incluso se familiarizó con el gin, que en ese entonces aún era una rareza en las cartas de bares y restaurantes chilenos.
“No solo queríamos vender comida. Queríamos cambiar la forma en que la gente come, se relaciona, vive la ciudad. Y el gin fue una parte clave de eso. Pasó de ser una extravagancia a una cultura”, agregó.
Más que comida
Con el tiempo, A Mano creció. No en tamaño, sino en propuesta. Se convirtió en un lugar de encuentro, en un escenario para la cultura. Fueron pioneros en traer standuperos a restaurantes cuando eso todavía no se hacía. Y cuando el formato ya parecía repetido, viraron hacia otra dirección: Sesiones 420, una experiencia íntima en el segundo piso del local, con música en vivo de artistas emergentes.
“La idea era no interrumpir la experiencia gastronómica del primer piso, pero abrir un nuevo mundo arriba. Que el que viene a comer siga cómodo, y que quien busca algo distinto, lo encuentre también”, explica Javier. Hoy, Sesiones 420 cumple más de un año de vida, con conciertos semanales, transmisiones de fútbol, fiestas temáticas y una atmósfera única. Siempre, claro, con identidad propia.
Lo curioso es que ese número, 420, los ha seguido. Inauguraron el 20/4, se cambiaron de casa y su dirección terminó en 420, y cuando lanzaron su propio gin —sí, también tienen uno— el primer lote llegó un 20 de abril.
“Nos reímos, pero en verdad sentimos que es como una señal. Como si todo lo que hacemos estuviera conectado. Nos gusta creer que hay algo especial ahí”, cuenta con una mezcla de orgullo y mística.
El gin que huele a costa
Crear su propia marca de gin fue otro salto. El proceso no fue sencillo. Trabajaron con la destilería Cónclave de Curicó, hicieron múltiples pruebas hasta que, en una conversación con Salvador Donghi,—un científico que trabaja en la recuperación de especies endémicas— conocieron el molle.
“El molle es una planta muy nuestra, que estuvo a punto de desaparecer. Pero cuando la olimos, fue como estar caminando por la costa. Dijimos: esto tiene que ir en nuestro gin. Es identidad pura”, recuerda.
El molle no solo se integró a la receta. La transformó. Y hoy, el gin de A Mano tiene un aroma que evoca Reñaca, Concón, Viña. Es parte de su historia. Parte de su cocina, de su barra, de su forma de estar en el mundo.

Celebrar haciendo lo que aman
Este 20 de abril, A Mano celebra un nuevo aniversario. Y lo hace sin bombos ni platillos innecesarios, sino fiel a su estilo: con trabajo, con cariño, con música. Con nuevas Sesiones 420, con su gin ya consolidado, con una carta que sigue fiel al concepto de siempre.
“Lo hicimos todo a mano. Por eso nos llamamos así. Porque fue con esfuerzo, con historia, con los pies bien puestos en la tierra. Con amor por la cocina, por la cultura y por la familia”, cierra Javier.


