El ingeniero porteño desarrolla un innovador simulador respiratorio en Europa mientras avanza en su segundo doctorado.
Con tan solo siete años, Nicolás Catalán dejó Playa Ancha para mudarse a España junto a su familia en busca de un futuro mejor. Hoy, este joven científico es reconocido por su trabajo en simuladores respiratorios y avances en la transmisión de enfermedades, marcando un antes y un después en la investigación médica.
Nicolás recuerda que la decisión de emigrar no fue sencilla, pero era necesaria: “Por temas económicos y por la salud de mi abuelo, vimos que en España había más esperanza. Así se dio la oportunidad de empezar de nuevo allá”. Sin embargo, los primeros años fueron complicados debido a la barrera idiomática en Cataluña. “No entendíamos el catalán, y eso dificultó mi integración en el colegio”, relató.
Tras completar la secundaria en Tarragona, Nicolás optó por estudiar ingeniería mecánica, dejando de lado su sueño inicial de la ingeniería aeroespacial debido a limitaciones económicas. “Mientras estudiaba trabajaba como repartidor en Telepizza. Fue un desafío, pero me permitió graduarme en 2020”.
El desarrollo del simulador respiratorio
Luego de realizar un posgrado en Dinámica de Fluidos Computacional, Nicolás se embarcó en un doctorado que lo llevó a desarrollar un innovador simulador de estornudos, el cual ha sido destacado en medios españoles. “Es un tracto respiratorio impreso en 3D de una persona real, conectado a un compresor que simula las condiciones de los pulmones. Es como un pulmón artificial”, explica.
El dispositivo permite estudiar partículas en suspensión, vitales para entender la propagación de enfermedades respiratorias como el COVID-19. Según detalla Nicolás, la precisión de este simulador es clave: “Reproducimos las condiciones reales para que los resultados sean fiables y aplicables en escenarios reales”.
Un nuevo desafío en Eslovenia
Actualmente, Nicolás se encuentra en Eslovenia desarrollando su segundo doctorado. En esta ocasión, su investigación se centra en la inhalación de medicamentos mediante dispositivos conocidos como “puff”. “El problema es que, al entrar al cuerpo, el medicamento puede aumentar de tamaño por la humedad y no llegar completamente a los pulmones. Estamos estudiando cómo mejorar esta interacción para que los pacientes reciban la dosis completa”, explica.
A futuro, Nicolás planea aplicar su conocimiento en fluidos al estudio de aneurismas cerebrales, combinando ingeniería y medicina. “Mezclar estas disciplinas puede abrir nuevas puertas para avances médicos. Es un campo que me apasiona y donde creo que puedo aportar”.


