Dra. María Elvira Zúñiga Hansen, Directora del Centro Regional de Estudios en Alimentos Saludables, CREAS y Directora en EIVA
El desperdicio de alimentos es una crisis oculta que agrava el cambio climático. A nivel mundial, un tercio de los alimentos producidos se desperdicia, generando 3,3 giga toneladas (Gt) de CO2 equivalente, una cantidad comparable a la emitida por India, el tercer país más contaminante del mundo. Este problema es más complejo que la reducción de emisiones en la producción de carne de vacuno; abarca desde la granja hasta nuestra mesa.
Se publica bastante sobre la contaminación que genera la producción de carne de vacuno, lo cual es cierto, ya que alcanza los 3,8 Gt de CO2 equivalente (FAO 2023). Sin embargo, la buena noticia es que las emisiones se han reducido en los últimos años, y ya hay diversas iniciativas en marcha, como la reducción de las emisiones de metano. Esta tendencia de mitigación mejorará al sumar las nuevas tecnologías para producir proteína animal, como la carne cultivada y la biotecnología de precisión, junto con el crecimiento de la demanda de productos a base de plantas y el auge de nuevas fuentes de proteínas no animales.
Mitigar el CO2 equivalente generado por los desperdicios y residuos alimentarios es, a mi juicio, un reto aún mayor. Este problema afecta toda la producción de alimentos: vegetal, animal e industrial, hasta los desperdicios del consumo doméstico, restaurantes y supermercados, entre otros. Es más difícil de resolver porque requiere respuestas diversificadas y enfoques adaptados a cada eslabón de la cadena alimentaria. El avance en la mitigación de los gases de los residuos alimentarios ha sido insuficiente para alcanzar la meta de Net Zero en 2050, que busca equilibrar las emisiones de gases de efecto invernadero con su eliminación de la atmósfera. Se necesitan regulaciones claras que involucren a toda la población e instituciones públicas y privadas.
Aunque los desafíos son grandes, también lo son las oportunidades. El camino hacia un sistema alimentario más sostenible no solo implica producir mejor, sino también aprovechar lo que ya producimos. En CREAS trabajamos para transformar esta crisis en una oportunidad. Identificamos los nutrientes o propiedades de mayor valor en los residuos alimentarios y desarrollamos tecnologías y/o estrategias para obtener alimentos sofisticados e innovadores, que aprovechen al máximo estos recursos para alcanzar una economía circular. La transferencia de prototipos saludables, sostenibles y validados es uno de nuestros principales resultados.
Nuestra visión es un futuro en el que los alimentos y su cadena productiva sean sinónimo de bienestar integral para las personas y el planeta, aprovechando al máximo los recursos que este nos brinda. Queremos contribuir a nuestra región y al país impulsando una producción sostenible de alimentos más sofisticados y diversos


