Fiebre por la IA ¿Exageración o subestimación de la tecnología?

Juan Pablo

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Por Juan Pablo Sáez Correa, Chief Technology en Grupo Avanza

Ya no hay dudas de que en los últimos meses la Inteligencia Artificial se ha convertido en uno de los temas más hot topic dentro de la industria y también en la sociedad. Muchos que no la conocían hoy la están usando, otros sólo opinan, pero todos parecen tener una postura al respecto, ya sea positiva o negativa.

Por un lado, están quienes plantean que la IA cambiará todas las etapas de la vida y nos harán perder nuestro trabajo, mientras que otros argumentan que solamente se trata de sistemas automatizados que no van a tener mayor trascendencia en el futuro. Pero ¿Quién tiene la razón? ¿Está realmente justificada la fiebre por la IA o subestimamos su impacto?

Los hechos concretos son que la IA está presente en variados ámbitos y es parte de nuestro día a día en hechos tan simples como cuando elegimos qué producto comprar o cuál película ver. Existen softwares capaces de reconocer la voz, reemplazar a cantantes o generar distintos tipos de música a partir de una misma base. Qué decir de las traducciones automáticas, que entregan textos en otro idioma en cuestión de segundos y de forma precisa; o de los increíbles resultados audiovisuales que pueden conseguirse cargando tan sólo un par de imágenes.

Todos estos ejemplos demuestran el potencial de la IA en mejorar la eficiencia en el trabajo y en la rutina de forma radical, pero al mismo tiempo, existen muchas limitaciones y desafíos, por lo que creo que es importante evitar caer en la exageración de las capacidades de la IA. Sabemos que los algoritmos de aprendizaje logran resultados magníficos en tareas específicas, pueden contestar preguntas, entregar instrucciones para código de desarrollo y un sinfín de posibilidades, pero no olvidemos nunca que todas estas tareas son entrenadas por una persona o un grupo de personas.

Son las grandes empresas las creadoras de estos motores y tecnologías que incluso pueden estar bastante más adelantadas de lo que conocemos y aún no nos han mostrado su verdadera capacidad. Lo único que tenemos claro es que la IA jamás podrá reemplazar a las personas y mantiene una lucha constante con la comprensión del contexto, la empatía y la toma de decisiones éticas en su uso, factor que está siendo mapeado sobre la marcha.

También existe el temor de que la adopción masiva de la IA cause desplazamientos laborales y muchas personas pierdan sus empleos. Pero esta idea no es tan así, más bien la Inteligencia Artificial opera como una herramienta para que podamos ser más eficientes en nuestras tareas y aportar a un beneficio general. Son ideales para mejorar una debilidad, por ejemplo, apoyar el inglés o francés, revisar la ortografía o entregarnos puntos de partida cuando estamos bloqueados.

A medida que los trabajos se van automatizando, es importante cambiar la visión y transparentar a las jefaturas cómo la tecnología puede complementar las funciones sin pensar en resultados negativos para los equipos y siempre garantizando la protección y transparencia de los datos que integramos con la IA, tanto desde un punto de vista interno como externo, de cara a los clientes.

Por eso, más allá de analizar mil veces si la IA es una exageración o subestimación, cambiemos el approach y veámosla como algo emocionante que, es cierto, causa cierta ansiedad, pero podemos darle un equilibrio mirándola con guía, perspectiva y realismo. La tecnología ya está aquí y es difícil creer que retrocederá, al contrario. Más que temerle, hay que abordar los desafíos teniendo claras sus limitaciones y preocupaciones. No se trata de sobre reaccionar o mirarla en menos, más bien de mantener una opinión informada y crítica a la vez. El futuro está en nuestras manos y tenemos la tremenda oportunidad de aprovechar sus beneficios y hacer que se convierta en un elemento positivo y constructivo para seguir avanzando como humanidad.

 

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