Uva de mesa con enfoque sustentable: nuevas variedades en la agricultura local

Nuevos cultivos con variedades evaluadas bajo las condiciones de clima y suelo chileno

El rubro de la uva de mesa está golpeado y los productores no lo han pasado bien, desde hace varios años, décadas tal vez: sequía, disponibilidad de mano de obra, surgimiento de países productores emergentes como Perú e India, cambio en el consumo, aparición de nuevas especies que están afectando el mercado global de la uva de mesa, mayores exigencias de certificaciones, son algunos de los temas “habituales”. Junto con hacerse más intensos, suman otros más recientes como problemas logísticos y alza en los costos de productos importados.

Parte de la solución, son las nuevas variedades y por eso se están probando varias de ellas, tanto extranjeras como nacionales. Pero, no todo ha sido fácil y la experiencia de los productores ha tenido de dulce y de agraz. Es claro que el problema de la uva de mesa no acaba solo con nuevas variedades.

El trabajo de los programas de mejoramiento genético, tanto extranjeros como nacionales es y ha sido fundamental en el proceso de adopción de nuevas variedades por parte de la industria de la uva de mesa. Te dejamos en esta nota cuatro miradas que analizan este urgente cambio varietal.

Es urgente un cambio varietal

Para hablar sobre cómo repercute este cambio varietal en la pequeña y mediana agricultura y cómo éstos se suman a este desafío considerando que representan un 70% al menos en la Región de Valparaíso, conversamos con cuatro actores: Kurt Neuling, gerente del Programa de Fruticultura Estratégica Regional, PerFruts, de la Región de Valparaíso; Rodrigo Cruzat, gerente de Biofrutales; Paola Barba, investigadora de INIA LA Platina; y, Cristian Lepe, gerente de la agrupación Mifruta.

Rodrigo Cruzat, gerente de Biofrutales

Kurt Neuling,  gerente del Programa Estratégico Regional Fruticultura Sustentable de Valparaíso, Perfruts, considera que es necesario validar en campo las nuevas variedades antes de su escalamiento, así se apoya a los productores especialmente aquellos que no tienen lo medios. “Aquí la asociatividad es fundamental y el apoyo de proveedores y academia, sin duda son aspectos claves de la sustentabilidad”.

Le preguntamos a Rodrigo Cruzat, gerente de Biofrutales frente a las nuevas variedades de qué manera están invitados los pequeños y medianos productores a ser parte de esto? “La asociatividad para hacer frente a los problemas técnicos e incluso para construir mercado es más valida que nunca. El grupo Mi fruta ubicado en la comuna de San Esteban, Provincia de Los Andes, nos da una importante lección. Es un ejemplo de un grupo de varios agricultores pequeños que se juntan para abordar desafíos comunes y trabajar de manera colaborativa tanto en la producción como en la comercialización. Quienes trabajamos en ofrecer nuevas variedades debemos mantener los esfuerzos por entregar información a los productores que minimice sus riesgos de decisión. Las variedades son insumos biológicos que dependen de factores de manejo y ambientales, no hay sandías caladas”.

¿Qué rol desempeñan los programas de mejoramiento genético en este cambio varietal?

El trabajo de los programas de mejoramiento genético, asegura Rodrigo Cruzat, “es fundamental en este proceso así como el apoyo técnico para el buen desarrollo de estos nuevos cultivos con variedades evaluadas bajo las condiciones de clima y suelo chileno”. Debemos procurar que podamos acceder a la mejor genética, asegura el profesional. La industria chilena tiene que acceder a la mejor genética sea nacional o extranjera.

“Lo que sí creemos que aquella que ha sido seleccionada y desarrollada bajo nuestras condiciones debiera tener una mayor validación. Pero, como sea, el estándar de exigencia no es distinto según su origen”. Las variedades, dijo, “necesitan tener paquetes tecnológicos robustos, ser probadas en distintas condiciones antes de ser liberadas, tener la mayor cantidad de respuestas posibles a los productores de manera de atenuar los riesgos para que tomen decisiones de manera informada”. Porque, precisó, “le debemos mucho a la genética extranjera pero el margen para errores es cada vez menor, si queda alguno. Por lo tanto, lo razonable es que también se tenga una opción nacional, pensando en las necesidades de Chile. Destacó que los programas de origen nacional tienen una suerte de ventaja por cuanto esas variedades han sido probadas y seleccionadas bajo las condiciones de Chile y suponen además una etapa validación de un paquete tecnológico antes de ser lanzadas al mercado”.

¿Son necesarias las nuevas variedades?

Sí, asegura Rodrigo Cruzat, son necesarias las nuevas variedades. “Siempre estamos exigidos por nuevos desafíos, tanto del consumidor como de los productores”.

¿Es difícil la reconversión varietal para un agricultor?

Sí. “Para todo el mundo está siendo difícil la reconversión, porque estamos teniendo dificultades de agua, mano de obra, financieras, acumulación de temporadas (sobre todo las dos últimas) con resultados pobre o malos. Hay muchos productores que hicieron un recambio varietal y todavía no han visto retorno de esa inversión. Confiamos en que lo puedan hacer”.

¿Qué lecciones está dejando el cambio varietal para la uva de mesa?

“Esta experiencia de cambio varietal efectivamente nos ha ido dejando lecciones. Primero, decir que hoy es muy difícil, por la velocidad con que demandamos nueva genética, tener todas las respuestas técnicas antes de plantar. Y, segundo decir que hoy la industria no da para vivir de ensayo y error. Antes, se podía traer tecnología extranjera porque los márgenes permitían cometer errores, hoy los costos y los ingresos son muy distintos. Uvanova, por ejemplo, es uno de los mejores asesores del rubro uva de mesa y  comparten su experiencia respecto a las nuevas variedades”.

Paola Barba, investigadora de INIA LA Platina

La investigadora de INIA La Platina, Paola Barba Burgos, Ingeniero Civil en Biotecnología asegura que a través del Programa de Mejoramiento Genético (PMG) de Vides de INIA se está seleccionando las mejores vides para las condiciones edafoclimáticas del territorio nacional. “Son años de evaluaciones que se realizan en el país, bajo nuestras condiciones cambiantes y que nos permiten saber, por ejemplo, cómo se comportan en años con fenómenos climáticos adversos o inesperados”.

Enfatiza que tener programas de mejoramiento genético de vides en Chile permite satisfacer las necesidades de los productores y exportadores nacionales como por ejemplo, una buena calidad y condición después de una guarda prolongada en frío, como la que sufre la fruta cuando se exporta.

La experta asegura que en las nuevas variedades deben ser productivas sí o sí, de otra forma no tienen cabida en el mercado. “También queremos variedades con buena postcosecha, saludables, agradables de comer, firmes a crocantes, con buen calibre y que sean simples de manejar. Idealmente, buscamos llenar las ventanas de cosecha temprana, media y tardía con variedades blancas, rojas y negras que cumplan con estas características. Las variedades tempranas son de especial interés para nosotros, ya que pueden reducir sus requerimientos de agua antes que las variedades más tardías en las zonas con escasez hídrica o pueden ser cosechadas antes de las lluvias en las zonas más australes, y por lo tanto no necesitan cubiertas de plástico”.

Otra línea de trabajo del INIA es el uso de resistencia natural a enfermedades fungosas, específicamente el oídio. “Estas resistencias son normales en las vides silvestres y mediante mejora genética tradicional (cruzar, observar y seleccionar) la estamos combinando con características de fruta comercial. Las futuras variedades con resistencia natural a oídio reducirán la necesidad de aplicar pesticidas, lo que tiene un impacto positivo para el medioambiente y los trabajadores”, indica Paola Barba.

Cristian Lepe,  gerente de la empresa MiFruta, respecto al cambio varietal en uva de mesa asegura que se viene sí o sí. “Para los pequeños productores es posible acceder a las mejores tecnologías disponibles. Pero, el cambio no se puede hacer de un día para otro porque requiere mucha inversión y hay que esperar tres años como mínimo para producir”. La industria, agrega, “lo está pidiendo y el productor que no está entendiendo esto es porque no está entendiendo los requerimientos de la industria”.

Destaca que este es un camino que tenemos que seguir como país, empezamos muy atrasados considerando que hay países que nos llevan mucho adelanto en cuanto a variedades nuevas que han sacado al mercado.  “Como país hemos sacado una que es INIA Grape One, desarrollada en un programa de mejoramiento genético de uva de mesa donde ANA Chile representa las variedades de INIA-Biofrutales en Chile. Pero, es un trabajo lento, hay que darle tiempo a la investigación y entregarle los recursos financieros que se necesita”.

Katherine Quezada

Katherine Quezada

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