El trabajo en el futuro

Una primera aproximación siempre pasa por la tecnología ¿verdad? Pensar en el futuro del trabajo trae a la mente imágenes de sofisticados sistemas y mecanismos automatizados por doquier que cambian las maneras de interacción y de nuestro quehacer.

En ese futuro también aparece la necesidad de nuevas competencias profesionales, entre ellas conocimiento en análisis de datos, desarrolladores informáticos y expertos en mantenimiento de estos mismo, junto con habilidades fuertemente creativas y de liderazgo colaborativo (ver más sobre esto aquí) . Aquellas tareas repetitivas o automatizables serán rápidamente adoptadas por las nuevas maquinarias y sistemas más hábiles y precisos que nosotros mismos.

En estos mundos futuros se profundiza nuestra interacción con inteligencias artificiales que registran nuestros comportamientos de consumo, tiempos de movilidad, preferencias de entretenimiento, y quizás cuanto más que no sabemos (o querríamos saber). El futuro del trabajo emociona, pero también genera preocupación cuando vemos como ese futuro se cruza con un presente que resiste esta emergencia desde sus propias posibilidades, inercias y dolores.

¿Cómo desarrollar esas capacidades pendientes para enfrentar estos los cambios? ¿Qué decisiones pueden tomar las organizaciones para abordar las nuevas tendencias? ¿Cuáles son las discusiones éticas respecto al uso de la información? Preguntas como estas aparecen junto al futuro prospectado, pero ¿Qué tal si nos preguntamos por el lugar y función del trabajo en el futuro?

Una idea central del desarrollo moderno, y que es un punto de partida de los imaginarios de futuro, es el rol del trabajo para determinar nuestro ser. Con el trabajo tomamos posición en la sociedad como individuos, construimos nuestro aporte y nos hacemos de recursos para el consumo. Esta idea del trabajo como un valor ético también dialoga con la máxima del mérito, que busca explicar nuestro éxito y la valoración que podemos esperar en nuestra vida. El trabajo como fundamento del mérito (del merecer) tiene una posición dominante en una modernidad fuertemente mercantilizada, y desde esta posición instala también la preocupación por la productividad, por la gestión del tiempo y la eficiencia en todo ámbito de la vida.

La idea del trabajo moderno también construye una distinción respecto del “no trabajo” como un negativo valórico, del detenerse como categoría de la flojera. En clave “mercantil”, el no trabajo sería el espacio de toda acción no monetizable. Es decir, si no estamos trabajando, o incluso si no estamos siendo suficientemente productivos (con estándares cada vez más altos) estamos fallando, ya que a quien madruga, Dios le ayuda…siempre y cuando madrugue para trabajar.

Esta idea rígida y a veces ciega entrampa discusiones actuales en temas en que que seguimos y seguimos haciendo agua. Las vacaciones son tratadas como espacio de ocio (negativo) o pérdida de tiempo, cuando son un tiempo crucial para nuestra salud mental y física. Los tiempos de descanso diario, que pudiendo abrir una ventana a otros modos de vida, muchas veces los manejamos como puentes entre horas laborales.

El costo de tener un país reventado son más licencias médicas, menos felicidad y justamente menos efectividad. Un dato es el importante aumento de las enfermedades de salud mental en 2020, las que representan un 28,7% del total (1.730.263) de licencias médicas en Chile, casi 5 puntos más que en 2019 (según datos de la Superintendencia de Seguridad Social -Suseso). Esta situación se agrava en tiempos de encierro, incertidumbre y desconocimiento de la evolución de la pandemia global.

En el futuro ¿Cómo comparte el trabajo con el ocio, con los espacios de creatividad, de cuidado y crianza? Manejar esta inquietud nos permite salir del bucle en el que la discusión por las 40 horas solo es un problema de turnos de trabajo o montos de remuneraciones para abrirnos, por ejemplo, a la preocupación por los tiempos en familia (ver más sobre esto aquí); pasar de ver vacaciones como un break antes de volver a producir, a un tiempo de realización diferente; enfrentar y mejorar el pre y post natal para madres y padres no solo como garantía de mantención del puesto de trabajo sino por su vínculo con la crianza, la co-responsabilidad y una infancia plena.

En Chile dar discusión por el aumento a 4 semanas de vacaciones y la jornada de 40 horas son un mínimo urgente, pero no podemos seguir evitando el desafío de mirar a futuro sin desafiar el lugar del trabajo en nuestra sociedad, poniendo a prueba nuestra imaginación para pensar el lugar del ocio, el descanso y el encuentro como un momento de valor en sí mismo.

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