Por Aníbal Pérez Vega
Abogado
Vicerrectoría de Investigación e Innovación Universidad de Valparaíso
Actualmente no parece haber dudas que la innovación es una de las claves para lograr el desarrollo. Así se ha entendido desde diversos ámbitos del quehacer nacional y regional, en específico, en que en las universidades regionales se han creado oficinas de licenciamiento y transferencia tecnológica y una serie de centros que ponen el foco en la innovación de base científica y tecnológica.
Sin embargo, ha hecho falta el diseño de una estrategia que logre encadenar los proyectos de innovación tecnológica con la economía real de la región y del país que tome en consideración las fortalezas y, también, las debilidades de nuestro sistema productivo. Dentro de estas últimas son especialmente graves la falta de capital humano especializado que permita escalar adecuadamente las tecnologías, y la aversión al riesgo y la especial predilección por el rentismo por parte de muchos empresarios chilenos.
En razón de lo anterior, se torna relevante que las universidades elaboren programas de formación que garanticen un estándar de calidad que permita a sus egresados insertarse en el mundo laboral que mira hacia el futuro y que vaya paulatinamente dejando atrás las actividades económicas centradas básicamente en el sector terciario.
Por otra parte, para intentar cambiar la mentalidad empresarial de aversión al riesgo y rentismo, creo que es relevante primero que el Estado regule de manera adecuada los mercados oligopólicos y que fomente directamente la inversión en innovación. Por otro lado, las universidades deben establecer alianzas con el sector privado para que se comprenda la relevancia de innovar, de integrar tecnología a los procesos productivos y que se valore el conocimiento como un mecanismo para aumentar la productividad, la que cómo sabemos está estancada hace ya una década en nuestro país.
En tanto, Chile tiene ventajas comparativas en la minería, en el agro y en la generación de energías limpias. Estas son tres áreas que debiesen ser priorizadas con el objeto de hacer más sofisticada la explotación minera para que no cause tanto daño ambiental, para modernizar los sistemas de riego ante la escasez hídrica y para que nos tomemos en serio el desafío de la producción con energías que respeten el medio ambiente. Enfatizando estas estrategias para contribuir y resolver las mayores problemáticas que presenta nuestra zona.


