Loreto Salazar
Coordinadora General Centro de Extensión
Duoc UC Valparaíso
Curadora Cartelera Cultural #EspacioCousiño
Antes de la pandemia asociábamos el concepto de cultura con presencialidad. Visitábamos museos, íbamos al teatro, participábamos de algún concierto, cine o actividades propuestas por diferentes centros culturales, generalmente asociados a nuestro territorio.
A nivel mundial, de un día para otro, todo cambió y la forma de acceder a la cultura también.
El distanciamiento físico tomó protagonismo y todos los espacios culturales se vieron obligados a cerrar sus puertas. Pero este cierre concreto, doloroso y tangible se transformó rápidamente en una apertura a lo virtual. Los espacios culturales y los artistas mutaron prestamente su trabajo, posibilitando el acceso a la cultura a todas las personas e incluso abarcando otros territorios, aquellos lejanos o de difícil acceso. Pudimos ver cómo la cultura se volvió un soporte fundamental de bienestar, un acompañamiento que nos permitió valorar el inmenso aporte que generan las actividades relacionadas al arte, ayudándonos a mermar lo difícil de un confinamiento.
En lo personal, miraba con mucha atención la relación que se estaba gestando entre la cultura y la virtualidad. Hubo mucha programación, nuevos dispositivos y, como nunca, una cantidad gigante de público ávido de ver, de ser parte de cada una de las actividades propuestas y programadas en la red. Este presente que, si bien relacionaba de manera virtuosa al arte y la participación de las personas, no dejó de abrir ciertos cuestionamientos hacia un futuro próximo. Se abrirán los espacios físicos, pero ¿La gente llenará los teatros? ¿Se agolpará para entrar a los museos? ¿Este público nuevo que encontró un nuevo espacio dejará la virtualidad para aventurarse en el acto de lo presencial? ¿O será que la comodidad de lo virtual competirá de manera activa con los espacios físicos?
Hoy estamos siendo testigos de la reapertura de muchísimos espacios, vemos a los actores pisando las tablas nuevamente, a un público siendo parte de ese momento único e irrepetible que pasa en una función de teatro, la pantalla gigante de un cine o ese sonido envolvente de un concierto. Y sí, sigue habiendo un público fiel y creo firmemente en que se está produciendo una nueva generación de audiencias que descubrió en pandemia estos espacios infinitos que los invita a recorrer lugares imaginarios y vivir nuevas experiencias.
La interacción presencial que se da entre el espectador y cualquier acción artística es inconmensurable y los esfuerzos, tanto públicos como privados, debieran apuntar a transversalizar el acceso a la cultura, promoviéndola como motor de bienestar y educación.
El cine, la música, el teatro, las clases de cocina, la danza, los conversatorios, los talleres y un sinfín de actividades debieran ser los grandes protagonistas del retorno a la presencialidad.


