Según un levantamiento preliminar por Fondos.gob en 2018 se detectó que existen 148 iniciativas y 176 fondos concursables en Chile.
A nivel nacional hay distintos tipos de subsidios que se entregan tanto a empresas constituidas como a proyectos, los cuales poseen una serie de bases para entregar una cantidad monetaria e impulsar las propuestas.
Muchas de ellas otorgan financiamiento y acompañamiento técnico para ayudar a las personas involucradas en desarrollar sus iniciativas de la mejor forma posible.
Varias son las instituciones que destacan en esta línea, sin embargo, la incógnita de cómo el apoyo público potencia a la investigación en innovación y desarrollo de los proyectos es uno de los estudios que múltiples expertos han desarrollado a través del tiempo.
El ex director de Fondef, Gonzalo Herrera, se refiere a esta temática y señala que “Hay diversos estudios relacionados con la medición y estimación del impacto de los instrumentos que una muestra de estos proyectos puede generar, los cuales vienen desde los años 90”.
En ese sentido, entre los distintos análisis se destaca el estudio “Public support to R&D, productivity, and spillover effects: Firm-level evidence from Chile« publicado en 2020 por el PhD en Economía y Economista Senior del Departamento de Estrategia y Desarrollo de BID Invest, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Argentina, Lucas Figal y su equipo.
El análisis se realizó para estimar los efectos directos e indirectos sobre la productividad de las organizaciones comparando dos esquemas de subsidios que son el Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondef) y el Fondo Nacional de Productividad y Desarrollo Tecnológico (Fondec), programas diseñados para promover la inversión en investigación I+D.
“Vamos a usar un indicador de proximidad espacial tecnológica o sectorial entre las firmas tratadas, es decir aquellas que reciben el subsidio a la investigación y el desarrollo y las no tratadas”, señala Lucas.
Para realizar la investigación se utilizaron datos obtenidos de la Encuesta Nacional Industrial Anual de 1990 a 2006 complementada con data administrativa proveniente de Corfo y Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt).
En los resultados se encontró un efecto positivo significativo en productividad al participar en alguno de los dos programas de apoyo a investigación y desarrollo, en general participar de ellos incrementa la propiedad total en los factores en un 4,3% en el largo plazo.
En cada uno de los programas se encontró que los efectos son similares al que se habían estimado. “Incorporamos la variable de efecto derrame y encontramos que esta es positiva y estadísticamente significativa, donde se esperaría que los retornos sociales de I+D sean más grandes que los retornos privados”, explica Lucas.
Por otro lado, se indica que hay un creciente interés en América Latina y el Caribe en estos incentivos fiscales, para fomentar la inversión privada y del desarrollo.
Al separar el spillover por programa se descubrió que solo el FONDEF genera un efecto positivo estadísticamente significativo en lo que es efectos indirectos.
“Fondef es el único que nos arroja este efecto derrame positivo. Las empresas tratadas y de control vienen antes de recibir el programa con una trayectoria paralela, es decir nosotros acá mostramos los efectos y encontramos que hay impactos antes, pero que estos aparecen después que empiezan a recibir el subsidio”.
Los resultados aluden que ambos programas han tenido un impacto positivo en la productividad de los usuarios, pero los proyectos financiados por Fondef han generado efectos indirectos positivos en la productividad de las empresas.
Por último, la investigación señala que los efectos secundarios sobre la productividad muestran una relación con la intensidad del apoyo público. Esto significa que estos se producían solo si las empresas estaban próximas de forma geográfica y tecnológica.
Visión actual
Gonzalo Herrera señala que sería interesante encontrar algún estudio sobre la adicionalidad de comportamiento, ya que eso es de interés para los instrumentos. “No hay un estudio que yo sepa que lo evalúe, se escapa probablemente de los modelos econométricos que tanto cariño le tienen los economistas”.
Por otro lado, afirma que los programas Fondec y Fondef en la actualidad ya ninguno existe hoy como tal, ya que han tenido variaciones.
“El Fondec desde hace muchísimos años, ha tenido algunos sucesores con ciertas variantes, pero dejó de existir en 2005 y el Fondef en la modalidad en que fue evaluada ahora dejó de existir también hace mucho tiempo, porque justamente tomando en cuenta las evaluaciones que se dieron previamente, un aprendizaje dentro del diseño institucional que se pensó que no se están haciendo bien por ende, las modificaron de tal manera que los recursos públicos rindan adecuadamente”.
Explica que el Fondef se transformó en el programa IDeA, el cual posee 2 etapas, donde hay una primera que tiene dos años de duración, la cual es una prueba de concepto si es que la iniciativa funciona se continúa con el financiamiento y si no es así, no siguen invirtiendo los recursos públicos en eso.
“En el Fondef anterior, en cambio, se llegaba hasta el final siempre, a veces con proyectos que eran catastróficos, pero se les financiaba hasta su culminación porque el contrato ya estaba formado. Hoy no, ya que existe un pare a mitad de camino y hay una etapa posterior que solo se prosigue en el caso que el proyecto vaya en buen camino en su primera fase”.
Otro de sus comentarios sobre los dos instrumentos evaluados es que financiaban cosas diferentes. “Uno era principalmente intramuro y el otro extramuro con centros de investigación. Claramente en los proyectos FONTEC si hablamos de la I+D, tenían una I chiquitita y una D bastante grande, eran más bien proyectos de desarrollo tecnológico más que proyectos de investigación, salvo excepciones donde había personas más arriesgadas”.
Señala que en el caso de Fondef se habla de proyectos de investigación propiamente tal, donde el problema era al revés, ya que la D era la pequeña.
“Había resultados de investigación interesantes, pero que muchas veces no llegaban a puerto en materia de impacto como innovación, me parece importante distinguir esas modalidades en funcionamiento de estos instrumentos”, menciona Gonzalo.
A raíz de las distintas modificaciones que se realizan a los fondos, la Seremi de Ciencias, Maria José Escobar, señala que actualmente los instrumentos tanto de ANID como de Corfo están en constante evaluación, considerando la experiencia de los concursos anteriores y la realidad nacional, que es dinámica.
Por otro lado, menciona que deben considerarse aspectos de contexto, pero no olvidar la mirada de largo plazo del modelo de desarrollo por el cual se está apostando, que debe ser sostenible y basado en el conocimiento.
«En este sentido, programas como Start-up Ciencia, desafíos públicos, entre muchos otros buscan potenciar la relación público privada, y aumentar la inversión en CTCi en nuestro país. En el ministerio, hoy contamos con la plataforma Observa, que reúne en un solo lugar, datos nacionales sobre el ecosistema de ciencia, tecnología, conocimiento e innovación», indica la Seremi.
En la página del Observatorio del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, se puede encontrar varios estudios, datos e indicadores sobre las capacidades y producción nacional de materias I+D. Entre ellos se destaca que hay 14,10% de empresas que innovaron según la Encuesta Nacional de Innovación (2017-2018) y 0,35% de gasto en I+D en relación al PIB, conforme la Encuesta sobre Gasto en I+D (2018)
Para conocer sobre algunos fondos que están vigentes, se puede ingresar aquí.


