Su constante adoctrinamiento en disciplinas tecnológicas y larga trayectoria como docente y mentora la posicionan hoy como uno de los referentes femeninos nacionales en materias de seguridad digital, se destaca su reconocimiento en “Mujeres en Ciberseguridad”, galardón que ha obtenido por dos años consecutivos (2020-2021).
Desde el momento que ingresó a la universidad ejecutó actividades donde predominaba la figura masculina. Tras varios episodios viviendo en carne propia la realidad de la brecha de género, salió adelante gracias a su constante interés por generar cosas nuevas que la han llevado a estar permanentemente en formación, ya que las tecnologías nunca paran de actualizarse, según explica.
Lidia trabaja hoy en Inacap sede Valparaíso como directora de Área Tecnologías de Información y Ciberseguridad, además tiene a cargo la carrera de telecomunicaciones.
Paralelamente, participa en la comunidad sin fines de lucro Whilolab, que es un grupo de profesionales cuya tarea es apoyar y educar sobre los conceptos de ciberseguridad a padres, niños y adultos mayores.
Por otro lado, pertenece a la Sociedad Chilena de Seguridad de la Información (SOCHISI), donde se investiga, conoce y enseña sobre temas de actualización inmediata, lo que está sucediendo hoy en materias tecnológicas. Esta fundación está conformada por alrededor de 200 personas que entregan gratuitamente el conocimiento a la sociedad.
También es partícipe en la Asociación de Empresas de la V Región (ASIVA), donde desempeña como presidenta de la comisión de tecnología. En esta área genera información para los socios sobre los avances en ciencias aplicadas de la información y propone soluciones informáticas a empresas.
Por último, pertenece a la institución pública- privada Inciber, que es parte de la congregación que hizo el senador Kenneth Pugh, cuyo objetivo es crear un homólogo a INCIBE de España, para tener en la región de Valparaíso un centro de ciberseguridad de manera que una empresa vaya en busca de soluciones o ponga en estudio algún caso.
Vida universitaria
“Era complicado ser ingeniera en esos años, ya que te veían como amachotada”. Pese al juicio que la sociedad tenía sobre las mujeres que se dedicaban a ejecutar materias en esta línea, Lidia ingresa a la carrera de sistemas de información en la Universidad Santa María.
Sin saber a lo que entró, ya que era una profesión nueva, debió enfrentarse a una realidad donde la paridad de género no existía, ya que había muy pocas mujeres.
Explica que en su primer día en la facultad eran 12 chicas junto a 60 hombres en la sala. “Imagínate lo que era pasar por el centro del patio de la universidad”, señala.
“Entré a estudiar y la primera clase que tuve, que nunca la voy a olvidar, porque ahí aprendí que cuando uno enseña tiene que mirar al alumno directamente a su cara para ver si logra o no el conocimiento”.
Tras una larga primera jornada, la actual docente encontró interesante los temas tratados, afirma que primero estaba asustada en un mundo de varones y, segundo, de que alguien le hablara de cosas que jamás en su vida había escuchado, pero quedó enamorada de lo que estaba estudiando.
Comenta pasar noches enteras estudiando y desarrollando softwares. “Soy de la época de tarjetas perforadas y era una pelea eterna para teclearlas, pobre que te equivocabas porque significaba hacer todo el programa de nuevo”.
Ya inserta en el mundo universitario un profesor le ofreció ser ayudante, obteniendo sus primeros pasos en el mundo de la docencia.
Explica que gracias a esa situación descubrió que era capaz de enseñar: “Me di cuenta que tanto mis compañeros como alumnos de cursos más bajos lograban entenderme, entonces se me abrió otra ventana dentro de mi ámbito de vida donde era capaz comunicar y enseñar”.
Al pasar el tiempo vio como sus compañeros iban desapareciendo. “De esas 12 mujeres que entramos a la carrera 5 egresamos. Hasta el día de hoy somos muy amigas”.
Explica que al terminar la facultad hizo su práctica en la refinería de petróleo, donde entró nuevamente a un mundo de varones. “No había ni una sola mujer en ese lugar”, señala.
“Fui bien tratada, sin embargo, al jefe no le gustaban las mujeres en el trabajo. Entonces me mandaron a hacer 2 sistemas en la refinería, donde uno sigue en funcionamiento. Los saqué en 3 meses y estaban proyectados para ejecutarse en 6”.
La práctica debió durar 3 meses, pero Lidia se quedó 1 año con sueldo de practicante y todo lo que conlleva esa labor. “Yo era feliz haciendo cosas y viendo como la gente lo usaba, por ende, no me preocupó extender la estadía”, comenta.
“El área de recursos humanos intentó ver con el jefe de área la posibilidad de contratación y yo estaba muy contenta, sin embargo, él dijo que no porque su departamento sería solo de varones, ya que con ellos había menos distracción”, agrega Lidia.
Afirma que eso hoy puede pasar, pero no con la gravedad de aquellos tiempos. Pese a la situación, Lidia terminó su práctica, la tesis y en diciembre del año 1983 se titula como Ingeniero en Sistemas de Información.
Vida laboral y continuidad de estudios
No pasó ni un mes y la llamaron de Duoc UC para dar una evaluación e integrarse como docente. Idea que pensó en tomar mientras encontraba trabajo en alguna empresa.
“Me avisaron al siguiente día que quedé y dije que sí sin preguntar nada. El sueldo eran 40 mil pesos, y yo sentí que era millonaria. El valor de la plata el año 84 era muy distinto, tengo aún guardada la boleta para que me crean”.
A pesar de la idea inicial donde Lidia pensó quedarse solo por un tiempo, extendió su estadía en la facultad por 12 años.
Explica que al mismo tiempo que comenzó con Duoc, le llegó una oferta de la Universidad Viña del Mar y después del Instituto Alemán.
El año 95 ingresa a Inacap, facultad en la cual se encuentra actualmente. “Se me dio todo aquello que no conseguí en otros lados, estudié, viajé y fue así como empecé a llenarme de conocimiento gracias a capacitaciones, me tocó hacer unos cuantos seminarios donde yo era la charlista, también enseñar a gente de empresas, me capacité en varios elementos propios de la informática, entre otros”, cuenta Herrera.
Uno de sus viajes más destacados fue ir Japón en 1999 donde le tocó vivir por 3 meses para hacer un diplomado en administración de centro de procesos de datos.
“El curso donde yo estaba eran 12 personas elegidas a nivel mundial, de la zona latinoamericana éramos solamente 3: un argentino, un peruano y yo la chilena, los demás eran centroamericanos, zona de Egipto, y así éramos 12. En este curso se repite la historia y solamente éramos 2 mujeres, en este tipo de profesiones situaciones como esta ocurren siempre”, puntualiza.
Aprendió del mundo de las redes, conectividad a gran escala, procesamiento de datos, la organización interna de una empresa y gobernabilidad.

“Con quien si choqué fue con 2 musulmanes. Una vez me puse una blusa de gaza negra y se han indignado porque decían que con esa ropa andaba provocándolos y no podían estudiar”.
Explica que tras la situación no la dejaban hablar ni opinar, sin embargo, en un debate alzó la voz, haciéndose notar y desde ese momento cambió la relación. “Fui reconocida como uno más y actualmente aún sé de ellos”, relata Lidia.
Junto a Inacap empezó a crecer y obtener nuevos estudios. Entre ellos está un curso en disciplina académica Ingeniería de telecomunicaciones y Seguridad de la Información en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, un magíster en diseño instruccional en la Universidad Oberta de Cataluña y un curso de aplicaciones móviles en la Universidad de Zaragoza.
Ciberseguridad local, nacional y premios
“Fuimos pioneros en la ciberseguridad en el país y levantamos la carrera en esa área en Valparaíso”.
Lidia lleva alrededor de 4 años realizando mentorías sobre seguridad digital, las cuales realiza a padres, niños, adultos mayores, empresas, etc.
Explica que le ha tocado hacer muchas charlas sobre el tema, y fue el senador Pugh quién tomó a distintas personas de casas de estudio para armar un grupo de profesionales que se dedicaran junto con la PDI a enseñar sobre esta materia. (Inciber)
“Los mayores afectados son los adultos mayores, esa es la vulnerabilidad más grande que tenemos, desde el punto de vista del robo de datos, robo de suspensiones, entre otros”.
Afirma que, por el otro lado, están los niños. “Algunos pueden llegar a ser drogadictos de la tecnología, ya que estas producen en el niño una gran cantidad de dopamina entonces lo mantiene feliz durante toda la tarde hasta que se lo quitas y llanto no para hasta que le vuelves a pasar el aparato”.
Señala que a nivel gobierno se están implementando políticas relacionadas con ciberseguridad, por otro lado, el Ministerio de Educación tiene páginas relacionadas con estos temas donde a los niños se les enseña el respeto a sí mismo a su cuerpo y el derecho que tienen de ser respetados.
Indica que la fundación Sochisi (de la que es parte) es otra comunidad donde profesionales trabajan en el área de la ciberseguridad dando a conocer distintas experiencias, generando charlas, entre otros.
Lidia el año 2019 fue una de las ganadoras de la distinción como mujer referente en el desarrollo de la ciberseguridad en Chile, premio que en 2020 vuelve a ganar.
“A mí me pilló de sorpresa y después cuando leyeron mi curricular no podía creer que todo eso esté en mi historia. No lo había asimilado”, asegura.
Yo no bajé de las nubes en una semana. Sin embargo, queda mucho por hacer, me indica que esto debe seguir y que es necesario para la región, el país y Latinoamérica.
Regreso a clases

“Estamos esperando la nueva normativa para este periodo de primavera como todos hablan de la quinta ola, todos estamos trabajando para que el alumno continúe su semestre sin ninguna problemática”.
Lidia habla desde Inacap, ya que es el establecimiento donde trabaja.
“Los alumnos quieren participar, llegan súper respetuosos, se colocan en filas separadas de un metro y se ponen a esperar que les tomen la temperatura, el alcohol gel, siguen el camino normado, etc.”.
Por el momento en Inacap siguen en el sistema híbrido, trabajando con sus partner, que son Microsoft, CISCO, Oracle y otras empresas más. “Estas entidades nos dejan usar los softwares y el alumno que está en casa es como si estuviera en el laboratorio”.
Por otro lado, señala que si hay un alumno que no tiene un computador con toda la normativa exigida están abiertas las salas de talleres donde están las separaciones correspondientes de manera que el alumno esté con las herramientas para trabajar.
“Como somos una institución que posee 26 sedes y en todas se dicta mi carrera, si el alumno es de la Serena y se matriculó en Valparaíso se conversa con la sede de Serena para que el alumno pueda asistir allá”.
Afirma que la institución está usando todos los elementos y redes que tienen a su alcance de manera que nadie se quede sin aprender.
“Hay un proyecto donde vamos a perfeccionar el conocimiento de aquellos alumnos que tuvieron mayores problemas en el semestre pasado y vamos a hacer talleres de actualización para reforzar el conocimiento y salgan al mercado preparados”.


