Firmas de oficinas colaborativas presentes en la región de Valparaíso, detallan cómo se ha visto afectado su trabajo tras largas semanas de confinamiento en fase uno, y los próximos objetivos que tienen para este año.
El 15 de marzo de 2020 fue un día que marcó a muchos. Se aproximaba una realidad incierta en las diferentes áreas del quehacer cotidiano de las personas: El Gobierno declaró estado de emergencia en el país.
El nuevo régimen de encierro obligó a los trabajadores a quedarse en casa para evitar contagios masivos, no obstante, no todo negocio estaba preparado para cerrar de golpe. Así es como las pequeñas y medianas empresas se vieron afectadas, teniendo que resistir, reinventarse o simplemente cerrar.
Tras varios vaivenes de fases que han tenido las distintas comunas de la región de Valparaíso, surge la incógnita de cómo está la realidad de ciertos gremios tales como los cowork, caracterizados por tener espacios en donde distintos agentes de trabajo interactúan en comunidad, generan lazos, intercambian ideas y conocimientos para colaborar entre sí.
LINNQ Lab (Quillota) es uno de estos espacios. Tras la pandemia, debió cambiar su sistema operativo integrando los protocolos de higiene del “Plan Paso a Paso”, el cual permite un número reducido de personas para ingresar al recinto. “El 2020 estuvimos cerrados 6 meses, fue bastante fuerte. Ahora llevamos 6 semanas en fase uno, pero con la diferencia que este año estamos trabajando con las oficinas del segundo piso, que son esenciales para estar funcionando”, señala María Véliz, cofundadora de LINNQ Lab.
María, afirma que no están tan perjudicados como el año pasado. Tienen usuarios habituales que pagan un arriendo mensual en los espacios cerrados del circuito. Además, asegura que el equipo es muy inquieto, siempre están con proyectos de innovación social. Ya ganaron su segundo Innova Fosis, y están en proceso de firmar el contrato para iniciar en mayo un proyecto con microproductores rurales, en la línea de la pobreza multidimensional.
Big Bang Work (Viña) es otro de los espacios colaborativos presentes en la región. “En marzo del año pasado fue cuando dejamos de recibir gente. Es muy memorable la fecha en que las oficinas que teníamos arrendadas decidieron hacer teletrabajo y nos dejamos de ver en el edificio”, declara Paola Fierro, gerenta general de Big Bang Work.
Paola señala que el primer piso del establecimiento sigue funcionando, pero que debieron disminuir los planes mensuales, ya que la gente busca más flexibilidad. “Fue un reajuste constante de cómo estaba funcionando este modelo de negocio para que el cowork no caiga”.
Actualmente se mantienen con oficinas virtuales, pases diarios para el cowork, salas de reuniones flexibles y una alianza con Chilexpress que les trae bastante flujo. Por otro lado, tienen algunos planes a futuro para incursionar en el área de emprendimiento de alimentos. “Se vienen hartas cosas y estamos con unos pilares muy consistentes hasta el momento, por ende, podemos seguir de esta manera por un plazo largo”, asegura Paola.
En la ruta 66, Santo Domingo está Work & Surf, otra de las oficinas compartidas que continúa en actividad, sin embargo, la pandemia los perjudicó bastante. “Nosotros iniciamos en septiembre de 2019, justo antes de estallido social. En su inicio había mucho interés, pero finalmente con el estallido y la pandemia tuvimos que cerrar. Actualmente tenemos abierto, pero viene muy poca gente. Veremos hasta donde aguantamos”, sostiene Carlos Larraín, socio fundador de Work & Surf.
El establecimiento cuenta con un espacio abierto de 180 metros, con espacio para más de 30 personas, sin embargo, en la actualidad llegan al recinto entre 5 y 6. “Lamentablemente el COVID no nos favoreció, y tampoco teníamos creada una red, ya que estábamos partiendo. Lo más probable es que se cierre en los próximos meses”.
Los cowork funcionan hoy en comunas con Fase 1, pero requieren de salvoconducto. A partir de Fase 2, marchan sin restricciones.


