Por Martín Jofre
CEO de Uppercap
Cofundador de Cryptomarket
Candidatos que no viven en las comunas que quieren representar en las elecciones. Autoridades del transporte que no utilizan metro o micro para movilizarse. Expertos educacionales que nunca han inscrito a sus hijos en un colegio público. CEOs o directores de empresas que no utilizan los servicios que están ofreciendo a otros. La lista suma y sigue.
Lamentablemente en Chile estamos llenos de ejemplos de este tipo, con personas que hablan sobre las ventajas de determinado producto o modalidad, pero en realidad nunca las han probado por sí mismos ni son capaces de salir del discurso prefabricado. Incluso tenemos un refrán para este fenómeno: el Cura Gatica, que alude a la incoherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, a la persona que “predica, pero no practica”.
En este escenario, quienes nos dedicamos al emprendimiento y las startups podemos marcar una gran diferencia desde el origen por varias razones:
- Nuestro negocio parte de una necesidad, un problema que nosotros mismos hemos detectado porque ya lo vivimos, somos usuarios 2.0 porque damos el paso siguiente para encontrar una solución.
- Resolver conflictos propios que también afectan a otros permite crear genuina empatía con los actuales y futuros clientes. Nuestra empresa fue creada precisamente para ayudarlos en este “dolor” y por eso, estamos atentos a las necesidades y posibles mejoras a implementar para mejorar la oferta.
- Entre más lejos estén los tomadores de decisiones de quienes viven el problema, más necesitarán de asesores e intermediarios que les ayuden a entenderlo. Cuando una persona crea su emprendimiento o empresa desde cero no necesita ser informado sobre algo que maneja porque ya lo conoce y seguirá exponiéndose continuamente al problema para estudiarlo con la nueva experiencia adquirida.
Tal como aplicábamos el método científico en los colegios cuando éramos niños, la experimentación personal de un suceso genera un pensamiento más creativo y una mayor comprensión de nuestro trabajo. Este entendimiento genera a su vez más confianza en cómo lo “vendemos” al mundo, al sentirlo propio podemos explicar conceptos complejos de manera más simple y adaptar el mensaje de acuerdo al tipo de audiencia que tenemos delante.
El desafío es entonces dedicar parte de nuestro tiempo a probar y vivir la experiencia del usuario sobre lo que estamos buscando resolver. Ocupemos realmente los servicios e ideas que lanzamos. Conversemos con las personas para que nos cuenten su experiencia con una mirada más fresca de la que tenemos nosotros. Escuchemos y empaticemos para ser mejores en lo que hacemos.


