Opinión: En la busca de trazas de SARS-CoV-2 en las aguas residuales de Valparaíso

María José Escobar

Son numerosos los equipos que a lo largo del mundo han levantado sistemas de vigilancia epidemiológica en las aguas servidas de diferentes ciudades, pudiendo determinar la presencia de trazas del ARN de SARS-CoV-2 en sistemas de alcantarillado. Esto permite ver el efecto de la pandemia en cierta comunidad y actuar como un mecanismo de vigilancia y prevención de nuevas olas de COVID-19.

En la región de Valparaíso, durante el mes de abril, comenzaron las conversaciones con la Superintendencia de Servicios Sanitarios de la región con ESVAL e investigadores de la Universidad de Valparaíso que tienen experiencia en el manejo y estudio de aguas residuales, articulando un sistema de muestreo que permita calibrar y estandarizar la extracción de ARN en las aguas residuales para poder detectar trazas de SARS-CoV-2. (ver noticia aquí)

La infección por SARS-CoV-2 en un individuo genera que restos de este virus aparezcan en las heces a partir del tercer día iniciada la infección, esto es, alrededor de unos 10 días antes de que se evidencien los primeros síntomas. Más aún, la presencia de restos del ARN de este virus en las deposiciones ocurre tanto en pacientes sintomáticos como asintomáticos, lo que permite tener un excelente screening poblacional del volumen de la población contagiada. Como se trata de restos de ARN, el virus se encuentra inactivo, pudiendo detectarse pero no significar una fuente de contagio.

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La experiencia internacional indica que este método puede ser de gran ayuda. En París se estudiaron las aguas residuales durante un mes detectando variaciones en las concentraciones de coronavirus que se correlacionan con la forma en que el COVID-19 impactó la región. Los investigadores han mostrado que esta técnica puede detectar subidas abruptas de concentraciones virales antes de que esos casos lleguen al sistema de salud, transformándose en una forma efectiva, de bajo costo, de predecir fuertes alzas de contagiados en el sistema público de salud. De manera similar, en tres municipios de España se encontró ARN de SARS-CoV-2 en las aguas residuales hasta 16 días antes de que las autoridades sanitarias confirmaran el primer contagio.

En nuestra región, en tanto, muestreos realizados en el mes de junio en las plantas de Loma Larga (Viña del Mar y Marga Marga) y en Valparaíso, reflejaron presencia de restos de ARN de SARS-CoV-2, abriendo una puerta para que este sistema opere como un estimador de la población contagiada y la dinámica de propagación o contención de esta pandemia.

Hace un par de semanas hubo una reunión con todas las otras iniciativas a lo largo del país, de manera de montar una red de monitoreo a nivel nacional, y homologar protocolos que nos permitan comparar muestras y resultados entre diferentes partes del territorio. Es importante contar con este tipo de monitoreo que nos permita, por ejemplo, detectar rebrotes al reabrir universidades o colegios.

Esta pandemia nos ha golpeado duramente, pero también nos ha dejado importantes enseñanzas. La articulación de la academia con el sector privado y público de esta iniciativa es por lejos un aprendizaje que perdurará en el tiempo y nos permitirá seguir colaborando. Esta red de vigilancia epidemiológica podría, en un futuro, monitorear posibles rebrotes de coronavirus, como también otros tipos de virus (norovirus, influenza, etc.),  anticipándonos al impacto en la población y permitiendo alertar a tiempo a las autoridades pertinentes.

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