Opinión: Las ideas no se protegen, pero…

Cada vez que nace un nuevo emprendedor, una de sus primeras inquietudes es saber si “su” idea se puede proteger. Para su lamento, la respuesta habitual de quienes se desempeñan en el ámbito de la propiedad intelectual (PI) y nuevos negocios, es siempre la misma: las ideas no se protegen.

Esta máxima que gobierna el estudio de la propiedad intelectual y la transferencia tecnológica es cierta. Las ideas son libres, para el uso y goce de cualquiera; y forman, en definitiva, parte del acervo cultural común, sobre el cual nadie podría reclamar titularidad excluyendo a otros en su aprovechamiento.

Lo anterior se explica por si mismo y responde a uno de los principios rectores de la PI; incentivar el desarrollo, la investigación y la innovación, de manera de generar un impacto en la vida de las personas, contribuyendo a su bienestar y, al tan anhelado, desarrollo económico y social de una comunidad.

Expresiones tales como “las ideas no se protegen” son muy habituales. Ocurre cuando quedan excluidas de protección por medio de patentes, las teorías científicas y los métodos matemáticos. Esto se explica en base a lo que ya se ha venido relatando sobre la libertad de las ideas y el papel que éstas juegan en el incentivo a la investigación, el desarrollo y la innovación, y cómo esto contribuye al bienestar social.

¿Cómo aprovecho la idea que tanto me costó desarrollar?

Imaginemos a ese emprendedor o emprendedora que luego de pasar noches en vela y sacrificar tiempos significativos, se encuentra con una o un experto en gestión de propiedad intelectual, que seca y lánguidamente le dice que las ideas no se protegen. Esta desesperanzadora respuesta no sólo es ofensiva para quien se ha asesorado – muchas veces pagando por ello – por un conocedor de la materia, sino que además es incompleta y hasta desprolija.

El mundo del emprendimiento cada día se complejiza más, de la mano de la creatividad, siempre vienen nuevos desafíos. La orientación de quienes trabajamos en gestión de conocimiento, debe ser asumida con ese mismo sello creativo con que nuestros usuarios trabajan. Cada vez que un emprendedor se acerca y pregunta ¿Cómo puedo proteger mi idea? Debemos ser capaces de dar respuestas asertivas, sin dejar de ser responsables. La o el gestor debe ser capaz de ofrecer alternativas a las convencionalmente dispuestas por el sistema, debe pensar fuera de la caja.

Con el advenimiento de la crisis post pandemia, donde uno de los mayores desafíos será la generación de empleos, el emprendimiento supone una de las alternativas lógicas y a veces única para un gran número de personas. Es hora de que quienes se hacen llamar gestores del conocimiento sean realmente aquello. Como señala el Diccionario de la Real Academia Española en una de sus acepciones, los gestores deben ser agentes movilizadores de ideas, para que aquellas fluyan hacia nuevas y renovadas estructuras de bienestar.

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