Opinión: Hacia un emprendimiento interdependiente

Pablo Reyes

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En menos de un año nos hemos visto enfrentados a un quiebre global de nuestra transparencia. Aquello que dábamos por sentado de un día a otro se vio cuestionado, puesto en duda. La nueva normalidad, será eso, nueva.

Y esto es central para el emprendimiento, sobretodo si lo vemos desde una perspectiva más amplia que sólo en lo empresarial. Podemos verlo como una fuerza que moviliza el mundo, que en su devenir cambia las condiciones de vida en las que habitamos, ya sea por cambios en las tecnologías, los proceso, los modelos de negocio, como también por cambios en las formas que nos entendemos como parte de una sociedad. El emprendimiento mueve el mundo tangible e intangible.

Si reconocemos esto, vemos que para lo que estamos enfrentando también se requiere una concepción nueva del emprender. Ya está claro que abordar problemáticas nuevas con paradigmas obsoletos no es el camino. El estallido social y el COVID-19 dejaron esto de manifiesto con crudeza. Ni las empresas y gobiernos, ni tampoco el ciudadano común fueron capaces de anticipar, gestionar y diseñar cómo abordar un fenómeno por el estilo. Mal haríamos en creer que toda la solución tiene que venir de ellos.

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Hoy toca generar un giro hacia nuevas formas, que no sean excluyentes ni nieguen el tremendo aporte que han tenido las formas tradicionales, reconociendo su valor histórico y el impacto que han tenido. Pero al mismo tiempo reconociendo que el tiempo de aplicar sus lógicas de forma incuestionable ya pasó, fundamentalmente porque fueron exitosos en un mundo normal, de comportamiento lineal y eso ya no es así.

«Efecto mariposa»

Hoy en día, el COVID-19 nos hace vivir encarnadamente lo que conocíamos como el “efecto mariposa” (que en este caso más bien es un efecto murciélago). Una metáfora que decía que el aleteo de una mariposa en una parte del mundo podía generar cambios gigantes en la otra. Acá, un murciélago comido por alguien en China, prácticamente tiene a todo el mundo encerrado, con restricciones, con miedo y un sinfín de manifestaciones reactivas. Y, lo peor, con una cantidad inmensa de muertes, economías paralizadas y posiciones fragmentadas de cómo abordarlo.

Entonces toca pasar a pensar que el mundo está interconectado. Que lo que pasa en otros lados no me es indiferente, ni para mi, ni para mi empresa ni para nuestra sociedad. Y que una parte central de eso, es que va a haber que emprender teniendo esas posibilidades a la mano, emprender para el nuevo mundo.

En Áurea estamos certificados como empresa B, siendo parte de un movimiento global  que tiene como uno de los valores a la interdependencia, en la que nos reconocemos como parte de un todo, observando los impactos sociales, económicos y ambientales de cualquier emprendimiento. Entenderse como parte de un todo mayor es un tremendo desafío, sus implicancias son gigantes y aún no claras. Sin embargo, urge el surgimiento de más movimientos y personas que vean la vida en su totalidad como algo complejo a cuidar.

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