Historias que enseñan: «Para abrir mercado internacional hay que perder el miedo de dialogar con el mundo»

Gonzalo Larenas es Licenciado en Literatura y profesor de la Universidad Andrés Bello, Máster en Gestión Educacional y cuenta con formación en Sociocracia. Un cúmulo de aprendizajes que lo llevó a sensibilizar con las consecuencias del Huracán María y que, gracias a sus gestiones de ayuda humanitaria, le ha dado la vuelta al mundo.

Mi nombre es Gonzalo Larenas, soy Licenciado en Literatura con un doctorado en curso, hago clases en dos facultades de la Universidad Andrés Bello y soy fundador de Clyc.me, una plataforma que transparenta las donaciones de empresas interesadas en generar impacto social con reconocimientos en Oriente y Occidente.

Huracán María: oportunidad de reconstrucción transparente

Cuando fue el huracán María en Puerto Rico (2017) tenía varios amigos allá y, a través de ellos, me pude percatar que esa nación no contaba con experiencia en reconstrucción, ya que estuvieron ocho meses sin luz y el 80% de la infraestructura en el suelo. Me afectó mucho ver el grado de desesperación de su gente y me cuestioné en qué podía ayudar. En ese tiempo trabajaba en una consultora y me contacté con algunas organizaciones sociales, que habían sido mis clientes, para idear un formato de ayuda efectiva a los puertoriqueños.

Conforme iba gestando esta idea, conocidos, amigos y algunos artistas también estaban interesados en ayudar en la catástrofe, por lo que les pedí ser el hilo conductor y aunar los esfuerzos en esta reconstrucción. Me dijeron que sí y en una semana logramos juntar a Techo, Spotify y Univisión, logrando levantar una suma de 2,5 millones de dólares.

Parte de la inexperiencia de ese país y lo que me preocupaba, es que como nación tienen altos niveles de corrupción, por lo tanto, no había un proceso transparente de las donaciones. Entonces lo que hice fue levantar fondos, destinarlos a Techo y hacerles un seguimiento en tiempo real para notificarles a los donantes en qué se había gastado su dinero. Eso les llamó mucho la atención.

Ser un puente entre las empresas y su impacto social

Cuando terminamos, Spotify y Univisón me preguntaron: «¿y dónde es la próxima campaña de ayuda?». Me río al recordarlo porque no tenía idea, nunca había hecho algo así. En ese momento, junto al equipo nos percatamos del gran dolor que existe en las empresas a la hora de generar impacto social, porque generalmente no hay transparencia, entendimiento ni vínculos directos con las ONG´s, y la mayor parte de los dineros se pierde en actos de corrupción o no se les informa dónde se destinó.

En ese momento la pregunta fue: ¿se podrá vivir de esto?. Con mucho desconocimiento pedí ayuda a mi actual socio, Mario Arancibia. Juntos entendimos que, para hacer este proyecto escalable, necesitábamos de una plataforma online que pudiese registrar de forma automatizada todo el proceso que hice en Puerto Rico y así ofrecerlo a las empresas y organizaciones sociales.

En 2018 ganamos dos convocatorias: presentamos este proyecto en la incubadora de Brinks en Estados Unidos y al ganar el segundo lugar viajamos al Festival de Innovación de Wenzhou, China. Fue una locura genial. Fuimos los únicos ligados al impacto social y representó una experiencia de networking a mil. Ya en Chile, ganamos el concurso de la Hub Sustentabilidad en la categoría Innovación.

Internacionalización: que el mundo sea nuestro campo de juego

Nuestro viaje a China nos motivó a presentar ante Naciones Unidas, fue algo soñado porque hace solo cinco meses atrás estaba haciendo clases tranquilamente. Ha sido viaje fascinante. También entendimos que la rapidez con la que se trabaja afuera (extranjero) es cien veces mayor y nosotros, como país, nos estamos quedando abajo en innovación social.

Ya de vuelta a la agencia tuvimos el desafío de transformarnos como equipo: o nos subíamos al carro de la innovación a nivel global o nos quedábamos en lo regional. Algunos quisieron y otros no. Significó un cambio profundo, ya que había que replantear el modelo y nuestra identidad corporativa porque queríamos apostar a que el mundo fuera nuestro campo de juego.

Algo que nos motivó bastante fue que el año pasado ganamos el fondo Inicia de Corfo y empezamos a trabajar con Social Lab. Paralelo a eso, en Estados Unidos abrimos una sucursal y ahora estamos enfocado en ver las posibilidades de abrir en México gracias la incubadora Seedstars. Todo este viaje ha hecho que valore la capacidad de generar redes, hay que perder el miedo de dialogar con el mundo. Creerse el cuento es fundamental la hora de ofrecer.

 

 

 

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