Sergio Morán Valdés: «Altamira se basa en el rescate de la arqueología cervecera de Chile»

Por Mauricio Córdova -LQERevista #22

Propietario de la famosa Casa Cervecera porteña cuenta que por muchos años la historia de esta bebida ha sido un tema que lo obsesiona. Por ello, en un momento de su vida, dejó de lado sus exitosos trabajos como ingeniero civil industrial y decidió dedicarse de lleno a este proyecto.

La cerveza ha sido una de sus principales temas de preocupación durante gran parte de su vida. Y no es que para él se trate de un problema alcohólico, sino que, muy lejos de eso, siempre le ha llamado la atención su historia, su evolución, la forma en que se arraigó el consumo de esta bebida en Chile.

Es más. La historia de Sergio Morán Valdés ha estado relacionada, a través de su familia, con la forma en que comenzó a penetrar esta bebida en nuestro país. Llegó a tal grado su obsesión, que desde el año 2013 ha logrado imponer una marca en Valparaíso: la Casa Cervecera Altamira, reconocida en la Región, el país y el mundo.

«Mi abuelo, Ismael Valdés Alfonso, nos marcó mucho. Conoció y vivió con Ghandi en La India. Era una especie de Quijote. Fue el fundador del restaurante El Naturista en Santiago, el primero en su tipo en su momento en Latinoamérica. Era muy amigo y muy cercano, entre otros personajes, de Clotario Blest, el gran dirigente de los trabajadores y de la CUT, quien a su vez era bisnieto de Andrés Blest, quien fue el que introdujo la cerveza a Chile, a través de Valparaíso, a comienzos del siglo XIX. Y por ahí, la historia de la cerveza comenzó a ser un tremendo tema para la familia y para mí en particular», dice Sergio.

Exitoso ingeniero

Sergio Morán estuvo lejos del emprendimiento gran parte de su vida. Fue un exitoso ingeniero civil industrial, con trabajos y proyectos en distintas partes del mundo, pero siempre sirviendo a  empresas importantes. Siendo muy joven fue contratado por la consultora financiera internacional PriceWaterhouseCoopers, con el fin de recorrer diversos países del mundo para dimensionar el impacto que en las empresas aéreas iba a tener el cambio de milenio, en el año 2000.

«Recorrí muchos países y allí mi idea de la historia de la cerveza se desplegó a sus anchas. Comencé a coleccionar diversas botellas de marcas universales, muy antiguas, y a la vez comencé a estudiar mucho respecto de la trayectoria de esta bebida, fundamentalmente en Europa», relata. Afirma que siempre ha sido un «ratón de bibliotecas», gran lector. De hecho, confiesa, que antes de entrar a la universidad, estuvo en los Jesuitas, admitiendo que «más allá de una fe, o de una vocación religiosa, mi interés era netamente cultural, histórico. Me motiva la espiritualidad, la humanización, la vida ética, si se puede llamar así». 

Relata que mientras recorría el mundo como empleado de la famosa consultora, comenzó a ponerse como desafío la construcción de un museo de la cerveza, que es lo que logró hacer con el local de Altamira, ubicado en calle Elías 126, esquina Cumming, frente a la estación inferior del ascensor Reina Victoria, a los pies del cerro Concepción de Valparaíso.

«Luego de ese trabajo, ingresé a Chiletabacos y también me tocó vivir en México, Brasil, Gran Bretaña. Y en esos lugares también seguí estudiando el tema de la cerveza. Hasta que llegó el año 2010, decidí renunciar y comenzar a laborar por el tema que siempre me había fascinado», dice Sergio Morán.

Fondo Corfo

Fue así como presentó el proyecto de un Museo de la Cerveza al fondo de Turismo de Intereses Especiales de Corfo y se lo adjudicó. «Fueron 30 millones, más los ahorros personales. El 2011 comencé a montar la cervecería en este inmueble de la calle Elías. Fueron dos años de trabajo intenso. Este inmueble había sido imprenta, motel y un restaurante finalmente, a lo largo de muchos años. La transformación ha sido total. En todo esto fue muy importante el trabajo de las museólogas Julia Kopetsh y Rocío Jara, que fueron parte fundamental en la reconstrucción histórica de la cerveza en Chile. La Casa Cervecera Altamira parte de un interés histórico genuino y todo indica que Andrés Blest fue el primero en elaborar cerveza en suelo chileno, en el año 1825. Su cervecería estaba ubicada a pocos metros de este local, en el sector comprendido entre la Plaza del Orden, actual Plaza Aníbal Pinto, y la Cueva del Chivato, en el sector de El Mercurio. Nosotros aquí hemos hecho realmente una especie de arqueología cervecera, y que tiene como punto central a la ciudad de Valparaíso. Es el rescate de la historia de la cerveza en Chile», señala Morán.

«La reconstrucción histórica que hemos hecho en Altamira  da cuenta de una historia verídica. Aquí no hay inventos ni cuentos, hay un trabajo de investigación profundo. Lo que sí no tenemos son las recetas originales de Blest. No hay reconstrucción histórica de esas fórmulas. Y allí es donde nosotros hemos aportado lo nuestro con una gran variedad de tipos de cerveza que es lo que atrae a los visitantes, además de todo el entorno y el espacio del local que es muy llamativo», indicó.

Tipos

En efecto, Altamira ya es un clásico por los tipos de cerveza que comercializa. “Está la Altamira Pale Ale, de color dorado, que se inspira en el estilo de cerveza que nació en San Francisco, EE.UU., y que se destaca por su mayor amargor, que la hace muy refrescante”, explica Morán.

También está la Altamira Amber Ale, “de color cobrizo, que está inspirada en el estilo cervecero de la ciudad de Düsseldorf, lugar de origen de muchos inmigrantes alemanes que llegaron a Valparaíso a principios del 1800”.

Y también, entre las más destacadas, “está la Altamira Stout, cerveza oscura, que se inspira en la bebida de Alberto Blest, este aventurero y emprendedor irlandés, que fundó en Valparaíso la primera cervecería de Chile, en 1825, y que logró desarrollar en nuestro país el gusto por las cervezas oscuras”.

¿Y cómo está el negocio?

Respecto del estado del negocio, Sergio Morán indicó que «aquí, como todo emprendimiento hay una apuesta y una inversión importante. Yo he puesto todo lo que tengo en este proyecto y lo hago con pasión y convicción, porque estoy seguro que vamos por el camino correcto. No ha sido fácil. Uno se topa con situaciones propias del sistema y de la burocracia que a veces torpedean el entusiasmo, pero es parte del camino y hay que hacerle frente. Sin embargo, hay un tema de impacto económico, de crisis, que se ha notado especialmente en el último tiempo, no sólo en este local, sino que en todo el comercio porteño. Por eso yo no me canso de andar creando alianzas e inventando posibilidades de negocios. Hemos tenido en los veranos los Altamira Jazz Festival, el de este verano lo hicimos en el Parque Cultural de Valparaíso, que han sido instancias muy positivas de encuentro y crecimiento con otros emprendedores e innovadores. Creo que la única posibilidad de crecimiento está por esta vía. El esfuerzo es constante en este sentido. También se trabaja mucho en abrir posibilidades de venta en la diversa gama de locales que hay, no solo en nuestra zona, sino que también en Santiago y en el resto del país».

Respecto de qué viene en el futuro, Sergio Morán admite que sigue en su camino de constante búsqueda. «Tal como he relatado, siempre he buscado caminos nuevos. No me canso de explorar y por lo tanto no me cierro a nuevos proyectos, nuevas alternativas. Casa Cervecera Altamira ya es reconocida como una marca importante dentro de este rubro y trabajaré para que se siga consolidando aún más. Pero al tomar, en un momento de mi vida, el camino del emprendimiento, he entendido que uno no se puede cerrar a nuevas ideas y posibilidades. Eso es algo apasionante», dijo.

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