¿Qué son las cooperativas?

El paulatino y exitoso resurgimiento de estas asociaciones -que nacieron en Valparaíso en 1882- se explica por la distribución homogénea, tanto de los capitales como de las ganancias y responsabilidades. Hoy las cooperativas son la nueva estrategia de desarrollo que promueve bienestar entre sus miembros y que permite incluir en el mercado a los pequeños productores.

Las cooperativas se han desarrollado en nuestro país bajo un perfil discreto y generalmente vinculado a la agricultura, a la vivienda o al ahorro y crédito. Sin embargo, esta empresa asociativa está presente en distintos rubros del sector productivo, llegando a constituir el 1,5% del PIB nacional. Valparaíso es la tercera región (después de la región Metropolitana y Coquimbo) con mayor presencia de este tipo de organizaciones, de las que fuimos pioneros.

El cooperativismo está presente en nuestro país desde hace 137 años, cuando un grupo de artesanos fundó la Sociedad Cooperativa de Consumo “La Esmeralda”, en 1882 en Valparaíso. Lentamente, comienzan a aparecer otras en la capital del país. Sin embargo, no fue hasta que entre los años 1904 y 1924, que se marcó el primer auge de este tipo de organizaciones asociativas con el registro de cuarenta de ellas en distintos rubros: de consumo, servicios, seguros, agrícola, ahorro y edificación y electrificación. Lo que llevó a la promulgación de la primera Ley de Cooperativas, en 1924.

En un comienzo, las cooperativas no fueron consideradas como parte de la estrategia económica del Estado. Sólo en 1964, el Gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva las consideró como un instrumento para las políticas reformistas de su gestión. De esta forma, se promovió la creación de organismos estatales para impulsar el desarrollo del cooperativismo, como la Corporación de Reforma Agraria (CORA); el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP); la Comisión Nacional Coordinadora de Cooperativas y el Departamento de Desarrollo Cooperativo del Servicio Cooperación Técnica (SERCOTEC).

Con la llegada de Salvador Allende en 1970, las cooperativas no tuvieron mejor suerte. Fueron vistas como una forma de organización neocapitalista, contrarias al proceso de estatización. Luego, tras el Golpe Militar, sufrieron intervenciones en sus procesos democráticos internos, principalmente las de carácter popular, como las pesqueras, campesinas y vivienda cerrada. Mientras que las agrícolas fueron fomentadas.

No obstante, con el establecimiento del modelo neoliberal se marcó el inicio de una etapa de crisis en el sector, con la disolución de 1.258 cooperativas entre 1975 y 1989. Sin embargo, se abrieron dos caminos para estas asociaciones: las que dieron prioridad a su dimensión económica para competir en el nuevo mercado, por lo que relegaron su función social; y las que desarrollaron relaciones de trabajo con movimientos cooperativos internacionales, que además se involucraron en plataformas sociopolíticas a favor del retorno a la democracia.

Desde 1990

Desde 1990, el sector cooperativo mantuvo una relación de autonomía con respecto al Estado. A su vez, el cooperativismo no fue una prioridad en la política nacional, ya que las reformas a la ley General de Cooperativas, que restringía las acciones de éstas en el mercado, tardó diez años en su tramitación parlamentaria, desde 1992 al 2002.  En las reformas a la ley se observa la derogación del Artículo 1, que posibilitaba el lucro; eliminación del Artículo 8, que permitía la creación de cooperativas de comerciantes e intermediarios; y la supresión del Artículo 9, que daba luz verde a que los socios puedan comerciar y transferir a terceros lo que adquieran a través de la cooperativa.

Si bien las modificaciones aplicadas a esta ley ajustaron a las cooperativas al mercado neoliberal, al mismo tiempo transformaron su identidad corporativa y las situaron como cualquier otra sociedad comercial.

Durante el segundo mandato de Michelle Bachelet se incluyó al cooperativismo dentro del programa de Gobierno y se gestionaron nuevos cambios a la Ley General de Cooperativas:

  • El mínimo de socios disminuyó de 10 a 5.
  • Se amplió la administración simplificada de cooperativas (un gerente e inspector de cuentas), hasta los 20 socios. La antigua ley permitía hasta los 10 socios.
  • El cambio de gerente e inspector de cuentas requiere de 2/3 de los socios, más asamblea especial. Antes se necesitaba mayoría simple.
  • Se incorpora una indicación por género. Los órganos colegiados deben representar a cada género de los socios de la cooperativa, según la inscripción de candidatos.
  • Las cooperativas de ahorro y crédito deben acreditar un capital mínimo de 3 mil UF. Antes era de mil UF.

Con más de un millón 800 mil asociados (1.810.780 exactamente), en nuestro país están vigentes 1.096 cooperativas, las que representan un 1,5% del PIB nacional (DAES, 2015), las que presentan una distribución regionalista, ya que un 70% de ellas están fuera de la Región Metropolitana. En la Región de Valparaíso existen 134 organizaciones, con un total de 64.032 miembros.

Innovadoras y competitivas

Este modelo de empresa que conjuga el bienestar social, la democracia y la sustentabilidad ha demostrado ser capaz de competir dentro del mercado, además de ofrecer una opción diferente en la estructura de trabajo y organización. Según Juan José Montes, economista de la Universidad de Chile y Máster en Economía Social de la Universidad de Valencia, son los principios de las cooperativas el aporte innovador que éstas entregan, ya que marcan una diferencia con respecto a las empresas capitalistas tradicionales. Por ejemplo, las decisiones en una sociedad cooperativa son tomadas de manera democrática, en la que no pesan los diferentes porcentajes de capital aportado por cada miembro. Un socio, un voto.

También, Montes recalca que al ser de carácter abierto y autónomo se descarta el uso de influencias en sus gestiones. Por otro lado, las reparticiones de los excedentes son proporcionales al trabajo y aporte que haga cada miembro-dueño de la cooperativa. Por último, menciona que para Chile es muy relevante el principio de interés por la comunidad y la educación, ya que son estos estatutos los que hacen de las cooperativas una organización que se queda en el territorio y se identifica con éste. “Todo lo anterior es algo completamente innovador y que el ‘mercado’ está entendiéndolo y valorándolo”.

Para Montes, la competitividad de estas sociedades debe estar orientada hacia la profesionalización de sus recursos humanos, de la gestión y las maquinarias. “Es necesario que puedan agruparse entre cooperativas para poder tener mayor poder de negociación y capacidad de pararse de igual a igual con la competencia que existe en un país que protege poco al productor local”.

De este modo, el desafío actual de las cooperativas consiste en desarrollar una gestión eficiente, que también les permita actuar según sus valores y principios, en una economía neoliberal, con un mercado abierto al mundo y altamente competitivo-dinámico. Según Montes, la estructura institucional es pro grandes empresas, por lo que la capacitación constante y el trabajo mancomunado de las cooperativas a través de federaciones es el modo de mejorar las condiciones del mercado y de tener mayor dominio en la negociación. “Con estos dos matices se puede seguir trabajando bajo los principios cooperativos y ser sostenible social y económicamente”, afirmó el experto.

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