Un gran paso para…

Rodrigo Sion – Investigador departamento ingeniería comercial USM.

El día 20 de julio, se cumplieron 50 años de la llegada del hombre a la Luna. Aldrin, Collins y Armstrong, tripulantes del Apolo 11, dieron los primeros pasos de un hombre en nuestro satélite natural. A 384.400 kilómetros de distancia, de vuelta en el Planeta Tierra, un mundo expectante y sorprendido.

El Programa Apolo, desarrollado durante la Guerra Fría por EEUU en la década de los 60 en el marco de la carrera espacial con la Unión Soviética, fue uno de los triunfos más importantes de la tecnología moderna. Esta guerra fue también mediática. 400 mil personas estuvieron involucradas en los proyectos Apolo y en la producción de la transmisión participaron unas 1000 personas, con un costo de alrededor 11 millones de dólares de la fecha. El resultado: 600 millones de personas atendiendo una transmisión que dio forma a toda una generación. Imposible no sentirse inspirado por una frase como «Un pequeño paso para el hombre, un gigantesco salto para la humanidad». Difícil no soñar.

Ese día incubamos un nuevo amor, pero no con la Luna, ella hace siglos ya lo era (y sigue siéndolo… viera la gente la cantidad de reuniones a las que las personas dejaron de asistir por ver el último eclipse). Estoy hablando de los medios de comunicación masivos.

Hace 50 años atrás se instala en la memoria colectiva algo nuevo: el estar conectados todos con todos, frente a un televisor, palpitando el segundo a segundo de los 13 minutos de transmisión del Apolo 11 llegando a la Luna. Y el tiempo no pasa en vano. Desde ese momento a la fecha la tecnología rediseñó nuestro entorno, y gracias a ello, vivimos lo equivalente a un alunizaje cada fin de semana con partidos de la Champions League, algún estreno de moda en el cine o el más reciente caos político en nuestra región transmitido en streaming. Bajamos nuestros ojos del cielo a la tierra, más bien a la palma de nuestra mano.

En este nuevo mundo, compensamos el brillo de la noche con los Lux de nuestros celulares. Difícilmente pedimos a las estrellas cuando de seguro lo que necesito lo pueden traer a domicilio. Nuestra convivencia cívica y política también pasa por este camino. Cuando la Ministra Cubillos, por ejemplo, hace uso de Twitter para hacer pública las citas a reunión con el colegio de profesores, no solamente trae lo último (y lamentable) de la política internacional al escenario nacional, sino que hace real la acción y se valida frente a un nuevo espacio público en las redes sociales, uno que no duerme y que no calla.

Pero no nos engañemos. Estudios muestran que esta ciudadanía digital se compone de 60 millones de cuentas falsas en Facebook y, en Twitter, al menos un 15% de cuentas están automatizadas “diseñadas para simular ser personas reales”. Nada de esto importa, estamos enamorados. En política y en nuestra vida cotidiana pesa más la posibilidad de despertarse y escribir un tuit para saludar al mundo y no saberse solo.

Aldrin, Collins y Armstrong, probablemente serán tendencia este 20 de Julio. A 384.400 kilómetros de distancia duerme aún una promesa para la humanidad, y hoy, para alcanzarla, el pequeño paso que el hombre debe dar pasa quizás por volver a mirar las estrellas.

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