La motivante historia de Segundo Player, el primer bar gamer viñamarino

Y todo por un sueño de infancia, el amor por los videojuegos y la pasión por los bares. La Quinta Emprende conversó con Felipe Órdenes y Amaro Zamora, dueños del singular bar ubicado en 4 Poniente.

Felipe y Amaro pidieron un Chimuelo de muestra. Sabe un poco como el helado Centella.

Un día después de la viralización de la muerte de Chimuelo, los amigos Amaro Zamora y Felipe Ordenes se inspiraron en el fallido sepelio del canario para sacar un cóctel en su honor. Las redes sociales comenzaron a tener más flujo y la reacción de los clientes en el local era de aprobación, según ellos. Demostraron entonces ser capaces de identificar una oportunidad y explotarla, de estar atentos y siempre en búsqueda de un progreso.

 

Ellos dos, ,junto con Barbara Saavedra, son los socios fundadores de el primer bar gamer de Viña del Mar -ubicado en 4 Poniente 613- que tiene una variedad de hamburguesas, cervezas y otros platos que puedes disfrutar mientras juegas en las consolas a elección que hay en todas las mesas de local.

La verdad es que podría parecer la casa de alguien, y esa es un poco la idea que tienen en mente Zamora y Órdenes, hacerte sentir como “cuando te juntabas con un amigo en la tarde, en su casa, a jugar play”, me dicen ambos.

Pero la idea se gestó originalmente en la mente de Felipe Ordenes. “Lo que pasa que desde chico trabajé en bares, haciendo de todo, y me di cuenta de que, primero, es un súper buen negocio y, aparte, que era súper entretenido. Me llamó la atención que fuera complicado porque te da acceso a muchos vicios, pero de chico dije que si uno no se pierde en eso, era un súper buen negocio”, relata.

Después de ganar más experiencia en bares, al ver un día un boceto que mostraba una barra de bar con una serie de PsP frente a las butacas, pensó: “un bar de juegos po’, entretenido, podí llegar a tomarte algo, conversar con el chico de la barra. Rico porque igual es como estar en tu casa y que te atiendan, además de poder conocer gente afín, que vaya con la volá de los videojuegos”.

EL INICIO

-¿Investigaron sobre otros bares, sacaron ideas de otros lugares, inspiración?

Felipe: «La verdad no, puro corazón».

A cualquiera le da sed.

Amaro: «De hecho este bar no es copia de ninguno, yo nunca he ido por ejemplo al Incert Coin (Bar capitalino de la misma temática). Cuando nos planteamos abrir un bar, nosotros ya teníamos una idea, y cuando encontramos esta casa, si la miras, no te imaginas un bar. Uno asocia lo gamer más con la tecnología, y no es una casa así: tiene vigas de roble y es antigua. Tuvimos que jugar un poco con eso y la idea  de nuestra cabeza y adaptarnos para hacer el negocio.
El resultado de hoy afirma que es producto de esta mezcla, “con los alcances de los límites de recursos”.

Felipe: «También es como llevarle la contra a los retos de mi abuela, a mí me encantan los videojuegos, y ella me retaba diciendo que eran para cabros chicos, y ahora puedo trabajar y hacer lo que me gusta».

Amaro: «Claro, si lo piensas, hoy todos juegan. Quizás no en consolas pero todos juegan, por ejemplo, en el celular».

-Entonces ¿ustedes creen estar apuntando a una comunidad?

Felipe: «O sea, nosotros creemos que el bar nace también porque queremos apuntar a muchas otras
cosas en el futuro, y para poder lograrlo necesitamos generar una comunidad, un sentido de pertenencia».

Amaro: «Igual tiene varias aristas. Primero tú tienes que hacer que tu bar sea bueno en eso, que es lo que nos enfocamos en la primera etapa y cómo te gustaría que te atendieran, e innovar en ese sentido».

Carta distinta

Es por esto que una de las primeras medidas fue la de idear una carta que pudiera competir y diferenciarse desde la originalidad. “Que los tragos fueran buenos, ricos, refrescantes”, aclara Amaro. Para ambos los detalles son importantes. El volumen de la música, la decoración, la presentación de los platos, la calidad de los ingredientes. Y el trato con los mismos empleados.

-¿Y los procesos de sacar los permisos, las fiscalizaciones?

Amaro: «Una vez abierto el local empieza el drama. Los inspectores municipales vienen y empiezan a buscar y se nota que tienen la mala intención. Se supone que ellos vienen a hacer su pega para que tú mejores los procesos, tu pega».

Felipe: «Hay dos factores que nos han jugado a favor. Primero, que somos simpáticos, a veces nos han tocado inspectores súper pesados, y uno los recibe tranquilo. Eventualmente algunos se dan
cuenta de que intentamos hacer las cosas bien. Nos ha pasado con la comisión de alcoholes y
Carabineros. Ellos son los que tienen más poder de todo el universo».

Amaro: «De hecho Carabineros tiene la facultad de ingresar a tu bodega y llevarse mercadería».

Felipe: «aún así ellos han sido los más educados. Nos han dicho: ‘miren chicos, ustedes están
fallando en esto y esto’, y nosotros no teníamos idea de que esas cosas eran las más importantes.
Entonces en ese sentido han cumplido una labor educadora. Creo que ha sido la mejor experiencia
con fiscalizadores».

¿Y desde la municipalidad?

Guilen, inspirada en el personaje (ultra americano) de Street Fighter.

Felipe: «Lo que a mí me llama la atención que la gente que fiscaliza no tiene idea sobre emprendimiento. y es súper importante porque te das cuenta de que al final te piden tonteras. Uno se preocupa de los trabajadores, la atención, todo».

A este punto a la conversación se une Guile, hamburguesa con tocino crocante, cheddar, pepinillos agridulces y cebolla asada. “Se llama así por el personaje del Street fighter , que es super americano y esta hamburguesa es como la típica americana. Tomamos una pausa y disfrutamos de
una cerveza y algunas historias.

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