Crónica: Visibilizando tu emprendimiento

La comunicación en el emprendimiento

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Por Mario Tapia Rey
Socio en Creadis Comunicación y Diseño

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Lo pensamos, tiramos líneas, sacamos cuentas, consultamos, le damos forma… en fin, en algún minuto nos llega la hora de sacar esa idea que tenemos desde hace tiempo y que muchas veces nos quita el sueño. Puede ser un pequeño salón de té, un hotelito en la punta del cerro, una oficina de arquitectura, un salón de baile, una tienda donde arreglamos bicicletas o guitarras. Da lo mismo. Es el “emprendimiento”. Esa categoría que nos diferencia de las grandes empresas y que de alguna forma nos hace querer creer que somos independientes y no tenemos que mirarle la cara a nadie. Nunca más. Ese “chao jefe” soñado por tantos y desde hace tanto tiempo. Craso error. Nuestros clientes son ahora los nuevos jefes. Los más severos a veces. Algunos los definimos como “prospectos” antes de ser clientes, porque no estamos seguros de que querrán creer y participar de nuestros sueños. Son todos aquellos ciudadanos que queremos que lleguen a nuestro boliche o nos llamen, nos consulten, nos coticen. Literalmente hablando.

Cuando tenemos un emprendimiento, cualquiera sea, queremos que todo el mundo se entere, nuestros amigos, nuestra familia y obviamente el “grupo objetivo” al que nos dirigimos. No sacamos nada con que se entere gente que no gusta o le da lo mismo, el producto o servicio que ofrecemos. Es perder el tiempo, esfuerzo y muchas veces plata. Y en ese momento nunca falta el que te dice que tu negocio es muy bueno, pero que falta darlo a conocer. ¿Y cómo? le preguntas tú. Con “propaganda” te dicen los más avispados. 

¿Cuánto te irá a salir un avisito en el diario?… no debe ser muy caro, pensarán algunos. Ahí llega ese amigo que está más al tanto de lo que pasa en el planeta tierra y te aconseja no gastar plata sin primero definir un plan de negocios, una estrategia para hacerte conocido, un par de actividades entretenidas, o en el mejor de los casos, hacer un análisis FODA, ese que te deja clarito cuales son tus fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas… ahí el “métele promoción para que llegue gente” no necesariamente sirve. De repente, alguien te aconseja mostrar tu negocio en internet, en Facebook, Instagram, Twitter, en fin, en cuanta cuestión virtual te sirva y que te permita que muchos puedan conocer y acceder a lo que ofreces. 

“¿Y por qué no te generas un Fanpage en Facebook?”, “¿y por qué no un sitio web?”… “yaaa… ¿y cómo?”… “yo tengo una prima diseñadora, yo conozco a un loco que es periodista y me tinca que algo sabe”… “no, si yo conozco a un compadre que trabaja en una agencia de publicidad y ahí se dedican a eso”… de pronto se te vienen a la cabeza todos los gastos que has tenido -y que seguirás teniendo- en las últimas semanas. Tú sabes de qué hablo. Y siempre falta algo. No hay más lucas para pagar (y muchas veces probar nada más) cualquier evento extra. ¿Y ahora quién podrá ayudarte?… el chapulín colorado se murió hace rato. 

Los más optimistas te dirán que te generes tú mismo tus propios contenidos, “¿quién mejor que tú puede hablar de lo que haces?”… pero si tú eres pastelero, guitarrista, cocinero, mecánico… lo más probable es que no sepas cómo generar esos contenidos, aunque seas un experto en tu disciplina. “Pastelero a tus pasteles” nos dice el sabio dicho.

Y de pronto, alguien enciende la luz y con toda propiedad te dice que conoce a un “community manager”, a un generador de contenidos, que habla, opina y escribe acerca de cualquier cosa… en Twitter. Que “postea” y “sigue” a “embajadores de marca famosillos”, a “influencers de social media” y tú, le crees y le pides que te contacte. Y es en ese preciso momento que tu negocio toma otro giro.

Como consejo te sugiero investigar antes de tomar cualquier decisión. Si no hiciste un estudio de mercado antes de instalarte y empezar a pagar el arriendo, bueno, a seguir adelante. Pero no pierdas más tiempo. Detecta a tu grupo de interés para que se convierta en tu grupo objetivo. Búscalo, invítalo, llámalo, regalonéalo. Aprende acerca de lo que ofreces. Si tu negocio está en el café, bueno, que tu producto sea recordable y de comprobada calidad. Ten un discurso, un relato. Genera magia en tu local. Sé honesto y habla desde tus habilidades y competencias, pero no le hagas creer a quienes te visitan que te las sabes todas. Capacítate siempre. Eso el cliente lo valora. 

Trata bien a tus empleados, a tus proveedores, que quieran trabajar contigo. Tus colaboradores son lo más importante en tu negocio. Trata bien a tu barrio, a tu entorno, respeta las indicaciones medioambientales y cuida tu planeta. Y sí. Genérate un Fanpage, no un Facebook para que puedas comunicarte con tus clientes y futuros amigos, para generar contenido coherente y creíble, ojalá desde tu propia experiencia. Compárteles novedades, datos, descubrimientos de la industria. La idea es generar una comunidad. Que te sigan, te crean, te quieran.

Para visibilizar tu marca, tu negocio o tu campaña publicitaria para tu producto y/o servicio en las redes sociales, que es lo más económico en estos tiempos, necesitas alguien con conocimiento de causa, no un twittero. No existe una segunda oportunidad para dar una primera buena impresión.

 

Cuando tenemos un emprendimiento, cualquiera sea, queremos que todo el mundo se entere, nuestros amigos, nuestra familia y obviamente el “grupo objetivo” al que nos dirigimos. No sacamos nada con que se entere gente
que no gusta o le da lo mismo, el producto o servicio que ofrecemos. Es perder el tiempo, esfuerzo y muchas veces plata. Y en ese momento nunca falta el que te dice que tu negocio es muy bueno pero que falta darlo a conocer. ¿Y cómo? le preguntas tú. Con “propaganda” te dicen los más avispados.

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