
El proyecto Recuperación del tomate limachino antiguo está encabezado por Juan Pablo Martínez, de INIA, Centro Regional de Investigación La Cruz; y Raúl Fuentes, Investigador del Departamento de Industrias de la Universidad Técnica Federico Santa María. Sin embargo, también lo componen Victoria Muena y Luis Salinas, de INIA, Centro Regional de Investigación La Cruz; Alejandra Freixas, del Centro Regional de Estudios de Alimentos Saludables (CREAS) de la Región de Valparaíso; y Erika Salazar, de INIA, Centro Regional de Investigación La Platina de la Región Metropolitana.
“Todo comenzó por el interés compartido de Juan Pablo y mío de rescatar los tomates locales para recuperar el patrimonio de Limache. Postulamos el proyecto a la plataforma FIA (Fundación para la Innovación Agraria) y quedamos seleccionados. Así surge esta linda iniciativa”, explica Raúl Fuentes.
-El proyecto abarca desde enero de 2015 hasta inicios de 2017, ¿cómo se desarrolló esta fase?
-Lo primero era rescatar la semilla del tomate limachino antiguo que estaba dispersa en Estados Unidos, en la INIA y algunas en manos de agricultores. Se sospechaba, según nos decían, que el tomate limachino no era único, que habían varias semillas, la francesa, la italiana y la española, que llegaron a la cuenca de Limache y Quillota gracias a los inmigrantes. El segundo paso era conocer un poquito más quién era este personaje y su parte genealógica, así como ver el ADN en términos más técnicos, y para eso necesitamos estudios genéticos a cargo del INIA. La tercera parte, que era la más importante para la FIA, era que esto fuera un negocio.
-¿Cuál es la característica principal de este proyecto?
-Lo más interesante de este proyecto es que siempre ha tenido mucha mística y eso es lo que nos ha mantenido a flote, tanto a los agricultores como al equipo. La gente con más de 45 años lo aprueba de inmediato, porque se acuerda de su infancia y reviven el momento. De hecho, cuando fuimos a convencer a los agricultores para que se unieran a este proyecto, algunos de ellos lloraban, porque se acordaban de momentos pasados y se estaba valorizando lo que ellos hacían. Estuvieron súper comprometidos con el proyecto y lo siguen estando con su producto, pero saben que requieren protección, que necesitan ayuda y ahí también apoyó el alcalde de Limache.
-Se generó un sentido de pertenencia
-Sí, se recuperó la fiesta del tomate en Limache que no se hacía hace 35 años y fue a raíz de esto. Ahí hay un tema cultural. Se recuperó la romería, pero con una versión modificada. Si bien se mantuvo el concepto de peregrinación, no fue hacia Los Vásquez, sino hasta Olmué donde el Niño Dios de Las Palmas. Se cambió el patrón, pero se mantiene la idea de la peregrinación y ese es otro aspecto cultural.
-El proyecto creció más de lo que ustedes pensaron ¿cómo recibieron todo este entusiasmo por parte de agricultores y ciudadanos?
-Pasamos por varias etapas. Primero estábamos súper contentos con el proyecto, pero después cuando vimos cómo se trabajaba políticamente, nos desilusionamos. Sin embargo, me da alegría ver que una ciudad, en palabras del alcalde, revivió. Fuimos con Juan Pablo a la fiesta del tomate limachino que se hizo en enero y habían más de 6 mil personas con los carros alegóricos como se hacía 25 años atrás. Además, ahora entiendo que a los pequeños agricultores hay que apoyarlos, pero también protegerlos y ese es el punto esencial, porque los grandes están al acecho. Nos tentaron para traspasar ese conocimiento hacia el interés de otros, pero le dijimos que no.
-¿Los tomates limachinos recuperados son los tres? ¿Español, francés e italiano?
-Hemos recuperado dos de ellos: francés e italiano. Tenemos que recuperar el eslabón perdido que es el español. Creemos que lo tenemos en INIA guardado con una recolección que nos entregaron un par de productores, pero como este era un proyecto con bajo financiamiento era imposible hacer todos los análisis y eso está pendiente, no sólo por el lado del INIA y de la USM, sino que está pendiente por el lado de los productores, porque ellos quieren ver ese tomate. Yo creo que viene una segunda o tercera fase de cómo llevar al campo esa semilla que está guardada en el INIA. No va a quedar perdida la semilla española, la recuperaremos.
-Además de proteger a los agricultores y de recuperar el tomate limachino antiguo, ¿hay otro desafío que deban enfrentar?
-El tomate limachino antiguo tiene sus debilidades. La razón por la que desapareció fue porque el tomate larga vida dura más, por eso su nombre. El tomate limachino dura con suerte, si es que se cuida bien, como una semana, pero hay gente que lo hace durar 15 días con truquitos. En promedio dura una semana, o sea, es de corta vida y eso quedó claro con este proyecto. Ahora estamos en eso, queremos hacer que dure un poquito más, pero no tanto como el larga vida, porque este no es un producto que vaya a reemplazar alguna vez al larga vida y eso lo dijo un productor.
*Entrevista publicada en la edición #8 de la revista La Quinta Emprende, disponible en http://198.37.123.65/~laquinta/todas-las-revistas/


